Un mundo antisistema

Un mundo antisistema

Publicado por el Jun29, 2016

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El presidente de los Estados Unidos, su primer ministro, los responsables del Fondo Monetario Internacional, los gestores de los principales bancos y compañías del país… hasta eminencias científicas como Stephen Hawking. Todos ellos advirtieron a los británicos de que votar por el Brexit era una insensatez cuyos enormes costes lastrarían a las generaciones futuras.

Pero de nada sirvieron las señales de alerta de todas esas voces autorizadas. El «Leave» se impuso ajustadamente en el referéndum con estrépito global. La pregunta que muchos se hicieron el día después es: ¿se han vuelto locos los británicos? ¿Se han convertido los ciudadanos de tan acrisolada nación en una tribu de necios capaces de despreciar las sabias advertencias de quienes gobiernan el mundo y poner en peligro la estabilidad planetaria?

El resultado del 23-J es el último bofetón al status quo vigente, una respuesta popular inesperada que revela que la ciudadanía ya no cree los mensajes del “establishment”. Se ha reparado poco en que el voto británico tiene mucho de portazo antisistema.

Todo apunta a que los chalaneos en Bruselas minimizarán las consecuencias finales del incómodo dictamen de las urnas, pero lo que no podrán soslayar es su colosal impacto político. El «leave» ha vuelto a poner de manifiesto el divorcio entre las clases populares y la ortodoxia política oficial, entre las gentes y las élites rectoras. No es la primera vez que pasa en los últimos años. El estéril referéndum de Grecia en el verano de 2015 y el auge de fuerzas políticas hasta ahora marginales y tenidas por extremistas dan cuenta de una tendencia que apunta a un mundo ingobernable. Figuras como Donald Trump o Beppe Grillo son inquietantes heraldos de ese futuro.

Mientras la ciudadanía sigue alejándose de una política tradicional que no da respuesta a sus miedos, el entramado institucional cruje incapaz de navegar sobre un oleaje cada vez más crecido. El estado-nación clásico se retuerce golpeado por dos fuerzas contradictorias pero en pleno apogeo: la globalización y los nacionalismos reaccionarios. Y las instituciones que articulan las relaciones internacionales desde la posguerra mundial sufren en idéntica medida la fricción entre la universalización de las finanzas e internet y la singularización de los sentimientos de pertenencia y de indignación.

El expresidente uruguayo José Mujica lo ha reclamado muchas veces. Hemos de gobernar la mundialización, o de lo contrario será ella la que nos suma en el más absoluto de los desgobiernos. Quizá estemos ya en él.

El problema de mensajes como el de Mujica es que funcionan solo como ideal. La realidad se empeña en truncarlos a puñetazos. La realidad es que el viejo mundo murió y nadie le encuentra un sustituto. La realidad es que ya no rigen tópicos como el de la flema británica. La realidad es que el inglés medio hace tiempo que no es un caballeroso bebedor de té con bombín y reloj de bolsillo, sino un tipo rapado y tatuado que bebe Budweiser en camiseta de tirantes y que no se fía un pelo de políticos, banqueros ni inmigrantes. Es, como su tiempo, visceral, descontento y antisistema.

En Twitter: @golmo

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Poder blando © DIARIO ABC, S.L. 2016

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