El Gobierno intenta evitar que el acuerdo UE-Turquía abra un frente interno

El Gobierno intenta evitar que el acuerdo UE-Turquía abra un frente interno

Publicado por el mar16, 2016

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El Gobierno maniobra para evitar que el polémico acuerdo sobre refugiados que la UE quiere rematar con Turquía en la cumbre que arranca el jueves se convierta en un problema político interno. Después de que la oposición clamara contra las medidas que contempla, como las expulsiones colectivas, en Moncloa se ha impuesto el criterio pragmático. Se trata de evitar un incendio a causa de un problema que, de momento, no es una prioridad.

Cuando el otro día el ministro Margallo fijó la postura española, ciñéndola a una firme defensa del derecho de asilo estaba, sobre todo, guarneciendo el merlón del Ejecutivo ante potenciales críticas domésticas.

Bien saben en el partido del Gobierno que en España los grandes asuntos de la agenda global interesan más bien poco… hasta que alguien los agarra como mazo con el que atizarle al rival. Este es el país que no participó en la Primera Guerra Mundial pero se dividió entre germanófilos y aliadófilos; el país en el que un atlantista como Manuel Fraga propugnó la abstención en el referéndum sobre la permanencia en la OTAN solo para castigar al entonces presidente González, el mismo que se había opuesto obstinadamente al ingreso para socavar a los gobiernos de UCD; el país, por último, en el que la izquierda se echó en masa a la calle para repudiar la participación española en la invasión de Irak.

Este último precedente, traumático para el PP, es el que más ha debido de pesar en el cambio de tono del Ejecutivo. Recuérdese lo que decían sus miembros cuando empezó todo este dramático lío de los refugiados. El titular de Interior comparó el fenómeno con unas molestas goteras domésticas. La izquierda pataleó, el Ayuntamiento de Madrid colgó en su sede una lona que dice que «Refugees welcome», sin que sepamos todavía si ha hecho algo más, y a partir de entonces, el Ejecutivo se mostró más humanitario. Luego Rajoy fue a la cumbre en la que se esbozó el entendimiento con Ankara poco más que a cumplir el trámite.

Entre los altos funcionarios de Exteriores estaba claro casi desde que se filtró que el preacuerdo contravenía las leyes internacionales vigentes en materia de asilo, como ha acabado aceptando, aunque implícitamente, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Cuando en el pugnaz y fragmentado Congreso español se percataron, prendió de nuevo la ustión jaculatoria, alimentada además por su nuevo presidente, Patxi López. El vasco ha formado rápido criterio ante el vacío legal acerca de si un Gobierno en funciones debe someterse al control de una Cámara que no fue la que lo invistió. Su amenaza de elevar el asunto al Constitucional no solo ha vuelto a cuestionar su debida neutralidad, sino que ha sido el empujón final para que el Gobierno diga que sí, que vale, que lo que les contará a los socios europeos es que hay que respetar la Convención de Ginebra y la Carta de Derechos de la UE.

Mientras tanto, la sangre riega aún Siria y miles de almas comen barro y rabia estancadas en Idomeni. Cavilan rutas alternativas a la que les han cerrado en los Balcanes y España, ensimismada, sigue, como escribió Edmund Burke, encallada cual ballena a las orillas de la Europa con la que sueñan. La política, piensa uno desde su cómodo escritorio, debería ser otra cosa. Otros en más precarias circunstancias piensan, seguro, en lo estrecho que es el Estrecho de Gibraltar. 

 

En Twitter: @golmo

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