No, esto no debe ser una guerra entre Europa y el islam

No, esto no debe ser una guerra entre Europa y el islam

Publicado por el Nov19, 2015

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Los tambores de la guerra retumban de nuevo en la vieja Europa tras los salvajes ataques de París. Un estadio inglés al completo corea los versos de La Marsellesa que llaman a los ciudadanos a las armas y desde las tribunas de prensa se reclama una contraofensiva, una reacción frente al enemigo. Incluso el presidente de la golpeada Francia declara a la República en guerra. De repente, en contraposición a la barbarie en nombre de Alá, nos damos todos cuenta de nuestra pertenencia a ese ideal habitualmente desleído de Europa, de nuestra identidad en definitiva. Tenía razón Huntington cuando escribió aquello de que no sabemos quiénes somos hasta que tomamos conciencia de contra quién estamos. Pensar que de esta saldremos sin una mayor implicación militar es un error, pero eso no bastará.

Cuando truenan las armas, es la voz de la razón la que se ahoga. Está la historia llena de ejemplos. Más en esta era en la que el hombre occidental se gobierna desde las vísceras a golpe de tendencia del momento. Si el pequeño cadáver de Aylan Kurdi en la arena nos convenció de que los refugiados no eran invasores sino víctimas a las que auxiliar, ahora el horror parisino devuelve a las encuestas el rechazo a la acogida.

Eso precisamente, la guerra y el miedo refractario, es lo que buscaban los desalmados del 13-N. Ya han conseguido el primero de sus objetivos. Ahora, preguntarse sobre las causas que alumbraron al monstruo de EI y cuestionar la espiral de violencia a la que la cristiandad parece abocada se confunde con complacencia con los terroristas. Recordar que 129 muertos como los de París son el balance diario habitual de víctimas en países islámicos como Irak o Nigeria huele a herejía, subrayar que nada en el desastre de Oriente Próximo puede entenderse sin las fallidas intervenciones occidentales merece el estigma de la claudicación. Lo dicho, el fragor de los cañonazos eclipsa el rumor de los juiciosos.

Y mientras, en los suburbios de nuestras ciudades, cada vez más jóvenes tan árabes como europeos se bañan en la cultura del odio islamista. Excluidos de un modelo social que naufraga, condenados al desempleo y la marginalidad y, como ha denunciado John Bowen para el caso de Francia, miembros de una comunidad discriminada institucionalmente, su frustración los hace permeables a mensajes delirantes como el de Estado Islámico. ¿De verdad puede alguien creer que un joven bien formado y con expectativas en la vida aceptaría entregar la suya en nombre de un ideal tan ridículo?

Ya han empezado a llover más bombas sobre lo que queda de Siria. Solo son el combustible que alimenta el califato terrorista. Caerán más carniceros como Jihadi John y, tarde o temprano, el líder Al Bagdadi. Es igual. Por cada uno de ellos, surgirán media docena dispuestos a empuñar el Kalashnikov. A menos que alguien les convenza de que el mundo civilizado tiene algo que ofrecerles. Porque, desengáñense, si vamos a convertir esto en una guerra contra el islam, no la ganaremos nunca. Ellos son más, más jóvenes y tienen mucho menos que perder.

 Lo de Siria tiene muy difícil arreglo y puede que nos hagan falta tropas allí. Pero no será suficiente. Sin una reconstrucción del mercado laboral europeo que brinde un porvenir a sus jóvenes, también a los musulmanes, y sin un acuerdo político global para Siria aceptado por la comunidad internacional, solo estaremos cebando a la bestia yihadista y regando de más sangre una zona ya inundada.

En Twitter: @golmo

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