Merkel y Reker, dos audaces con los refugiados

Merkel y Reker, dos audaces con los refugiados

Publicado por el oct19, 2015

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Dos mujeres han dejado en los últimos días en Alemania dos raros y edificantes ejemplos de coraje político a cuenta de la polémica en torno a la masiva llegada de refugiados al país. A diferentes niveles, la canciller, Angela Merkel, y la alcaldesa electa de la ciudad de Colonia, Henriette Reker, han arriesgado en defensa de lo que ambas creen conveniente para su comunidad, aunque eso pueda suponer el rechazo de esa misma comunidad. Un ejemplo alentador en la era del tacticismo y la nefasta corrección política.

Reker, una independiente familiarizada con los servicios sociales municipales y el medio ambiente, ha barrido en las elecciones locales de la ciudad renana después de ser apuñalada el pasado sábado por su postura favorable a la acogida a los desplazados. Su agresor, un desempleado de 44 años simpatizante del movimiento xenófobo Pegida (Patriotas europeos contra la Islamización de Occidente), le ha dado el empujón final a su candidatura. Si supera sus lesiones, lo que afortunadamente parece probable, Henriette Reker se convertirá en la próxima alcaldesa.

Merkel no ha puesto su vida en juego, al menos no de momento, pero sí gran parte de su capital político. La canciller sigue convencida de que los cientos de miles de extranjeros dispuestos a pagar casi cualquier precio por instalarse en Alemania representan más una oportunidad que un problema y está dispuesta a sostenerlo contra lo que digan las encuestas y las críticas cada vez más afiladas que recibe, muchas desde sus propias filas. “Si ahora tenemos que empezar a pedir disculpas por mostrar una cara amable en respuesta a situaciones de emergencia, entonces esto no es mi país», proclama, en abierto desafío.

Sabe Merkel que su apuesta es audaz y a contracorriente en una Europa cada vez más provinciana y reaccionaria, pero lejos de primar su superviviencia y el cortoplacismo, articula un discurso en clave de estado, en el que prima el futuro y no la inmediatez demoscópica. Se aleja así de modelos mediterráneos a los que por estos lares estamos más habituados. El historiador Enrique Moradiellos nos descubrió como los analistas de inteligencia británicos de la posguerra pronto detectaron cuál era la prioridad absoluta del general Franco, «la supervivencia política a todo trance y bajo cualquier precio». Cuesta creer que los cambios en el tono del Gobierno español sobre esta crisis humanitaria hayan obedecido a premisas diferentes a la que seguía a rajatabla el general ferrolano. Quizá porque los diez años que lleva en el poder le dan ya perspectiva histórica o quizá por su mayor altura moral, Merkel no altera su guión y defiende sus tesis contra viento y marea.

Se han dado cuenta tanto Merkel como Reker que la envejecida Europa necesita de la vitalidad económica y demográfica que le pueden aportar los desplazados si se acierta con las medidas imprescindibles para integrarlos. Saben también que las economías occidentales más dinámicas y prósperas son aquellas más abiertas a la inmigración y que esa apertura, bien entendida, no implica en absoluto desregulación. Saben también que en estos tiempos de rebrote del nacionalismo será difícil que sus tesis se impongan. Por eso es tan de admirar que no desistan.

 

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