Cuba, la hora del fin del embargo

Cuba, la hora del fin del embargo

Publicado por el Aug18, 2015

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El deshielo acelerado entre Estados Unidos y Cuba prosigue. La visita de John Kerry a La Habana la semana pasada para reabrir la embajada estadounidense después de más de medio siglo cerrada ha sido un significativo paso más. Quedan muchos.

Aunque ahora se reabra en un clima de constructiva cooperación, la agenda bilateral entre tan dispares vecinos está repleta de asuntos conflictivos, pero uno de ellos destaca por encima de todos los demás. Como se encargó de recordar Fidel Castro en el artículo con el que dio la bienvenida al secretario de Estado Kerry, el próximo punto de fricción será el embargo, al que el anciano líder cubano culpa de la ruina económica en la que vive desde hace décadas su país.

El bloqueo estadounidense a Cuba es uno de los argumentos que suelen esgrimirse por unos y otros a la hora de defender o censurar el legado histórico de la revolución. Para sus detractores, el régimen de los Castro es el mejor ejemplo que la historia ha dado del fracaso del comunismo y de su incapacidad para conducir hacia la prosperidad a los pueblos. Para sus simpatizantes, su endémico atraso es culpa de la agresión imperialista y del aislamiento forzoso al que la superpotencia lo ha sometido.

Vista con perspectiva, parece claro que la hostilidad del Tío Sam, quizá un mito ahora pero una realidad bien tangible en los años de la Guerra Fría, empujaron a los cubanos al que sería su destino histórico. En su origen, el Movimiento 26 de Julio con el que Fidel Castro y su pandilla de barbudos guerrilleros se hicieron con el poder, no era comunista. Fue la beligerancia de Washington y su intrusivo papel en la región, con episodios como la invasión fallida de Bahía de Cochinos, lo que llevó al entonces joven gobernante Fidel Castro a buscar el amparo de la URSS y abrazar la ideología del único poder mundial capaz de frenar a los EE.UU.

Al margen de los efectos que sin duda han tenido la planificación y las trabas a la actividad económica impuestas por la dictadura, no hay duda de que el embargo no ha servido para alcanzar los objetivos que decían perseguir quienes lo instauraron. No ha forzado ningún cambio democrático en Cuba y sí ha agravado la precariedad en la que viven los cubanos.

En realidad, el embargo hace ya muchos años que dejó de tener sentido, si es que lo tuvo alguna vez. Hoy es solo un castigo adicional para los cubanos, que ya bastante tienen con lo que tienen, y munición ideológica para el castrismo, que se escuda en él para justificar su incapacidad para modernizar el país. Con el embargo no gana nadie y pierden tanto los Estados Unidos como Cuba. Su supresión debería ser lo próximo.

 

En Twitter: @golmo

 

 

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