Lapsus de abuela

Lapsus de abuela

Publicado por el mar 12, 2016

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Pocos conocen la hermosa palabra criptorquidia, pero muchos hemos sufrido el mal que designa en momentos de gran desazón o incertidumbre  : “Ausencia de uno o de ambos testículos en el escroto”. Tenemos palabra para el que solamente tiene un testículo: ciclánFimosis es una palabra de uso más común y significa estrechez del orificio del prepucio. Puede acarrear problemas mecánicos cuando uno se emociona o ama intensamente a alguien. En una cena de familia, el abuelo octogenario le comenta discretamente a una sobrina enfermera que van a operarlo de fimosis. Un cuñado enarca una ceja al escuchar la palabra mágica y la abuela eleva la voz para hacer público un detalle imprescindible:

 

-         Nada, que operan a éste porque es un guarro y no se lava.

 

Lo han oído al menos seis personas y a dos se les han caído las cucharillas sobre los platos de postre. El buen señor encoge ante la divulgación del detalle que lo hace repentinamente célebre, pero no lo suficiente como para caber bajo la mesa sin agacharse. Su mujer todavía se dirige en voz muy alta a un tercero para preguntarle por qué le pega patadas en secreto. No importa lo buen guionista que seas: la abuela tiene algo mejor que lo que se te ha ocurrido. La de una amiga ocultó durante meses su primer embarazo aunque la fecundación se había producido en estado de casorio y decoro. Medio siglo después, le explica a su nieta:

 

-         Lo dije cuando ya se me notaba muchísimo; no quería que pensasen que yo había hecho cosas sucias con tu abuelo.

-         Pero era tu marido, abuelita…

-         Meterse dentro de una es una cosa indecente hasta para un marido.

 

Fluye 1939. Con los hombres en el frente, una abuela conocida que hoy frisa los ciento cuatro se topa con un cura rijoso que le insinúa que las mujeres gallegas estarán pasando hambre. El religioso le pregunta cómo se las apaña sola. Ha repetido muchas veces la broma, pero ahora se le va a congelar:

 

-         Me apaño como todas: con los varones que han quedado aquí. Con ustedes, los curas.

 

Mi tía abuela era la reina del lapsus. Cuando yo era  niño, se equivocó y pidió en una churrería de Madrid “dos purros y cuatro chorras”. Los hombres salían a la acera para retorcerse de risa porque no conocían señoras que necesitasen más que una chorra o dos a lo sumo. Pregunté a su hermana, mi propia abuela, en tono de chacota si era racista y me contestó que “cómo voy a ser racista yo: suficiente tienen los pobres negros con ser negros”. Una señora de esa generación le pidió durante años a un nieto picaflor que sentase la cabeza de una vez por todas. Él hizo la broma de comentar que ya tenía novia formal, pero que ésta era negra. La mujer torció el gesto tanto que él le preguntó si era racista.

 

-         No soy racista. Sólo quiero tener nietos…como los de las demás.

 

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