Palabras inútiles

Palabras inútiles

Publicado por el feb 21, 2016

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El Diccionario académico nos explica que utilidad es comodidad, provecho o interés. Empleamos a menudo expresiones peyorativas como la irónica tonto útil o como la contundente inútil, que se utiliza más como insulto que como mera descripción. El sustantivo útil significa utensilio. Voto útil es opción que no resulta la preferida, pero que tiene posibilidades de derrotar a otra cuyo triunfo no se desea. También es muy nuestro el llamado voto de reata, el que “se da sin conocimiento ni reflexión, y solo por seguir el dictamen de otro”.

Hay elementos contrarios a su utilidad original, como el aforamiento. Fue diseñado para proteger a héroes, pero se convirtió en privilegio de golfos. Hay expresiones nuevas sin utilidad, como ‘carrera no competitiva’, que constituye un oxímoron y también una idiotez. Nos vamos acostumbrando a la estupidez en una sociedad que considera raros a los inteligentes, que nos avisa de que los niños superdotados son muy problemáticos en lugar de exprimir su utilidad social. Reflexionar y utilizar la inteligencia cuesta más que admitir imbecilidades como “los jueves son los nuevos viernes” o como “el gris es el nuevo verde”. Cualquier frase hecha es bienvenida, pero con la frase también viene manufacturado y empaquetado el pensamiento completo.

En política, nos hablan de pactos de progreso, o de gobiernos progresistas y reformistas, sin explicar qué quieren decir. Solo importan la fonética y la forma. Hablan de cambio sin reparar en que los cambios pueden ser para bien, pero también para mal. Los conservadores se han apropiado de la palabra popular cuando todos los partidos deberían serlo, porque popular significa ‘relativo al pueblo’. El gobernante le llama ahorro a lo que el opositor denomina recorte, pero los dos saben que si cambian de sillón intercambiarán también las expresiones. Todo el discurso político se ha convertido en un cascarón vacío de modismos; de sinergias futuras, hojas de ruta y tacticismos. De espadas en alto y deberes por hacer. De los famosos *postureos. Hemos asumido que los candidatos continúan hablando cuando no tienen nada que decir. Es preocupante pensar a qué inteligencia media creen dirigirse ellos, pero seguro que en su vida privada no hablan así. No me imagino a ningún político diciendo así en un bar que solo quiere medio plato de oreja adobada: “mi hoja de ruta es encontrar un amigo o amiga que haga sinergia conmigo y se coma media ración de esta ternilla porcina”.

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