Un ejército de ninis

Un ejército de ninis

Publicado por el sep 30, 2015

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El club de treinta y cuatro países prósperos llamado OCDE advierte: nuestra educación está más orientada a aprobar que a aprender y nuestros jóvenes son los que aceptan más trabajos que no desean. El 25,8% de ellos no estudia ni tampoco trabaja. Ninis. Tardan tres veces más que los daneses en encontrar empleo indefinido y cobran salarios iniciales un 35% menores que hace cinco años. Los colectivos estudiantil y empresarial españoles no se entienden.

Los efectos están claros, así que centrémonos en las causas: la Organización diagnostica que las escuelas españolas no preparan para el curro. Ortega y Gasset formuló 85 años antes su principio de economía en la enseñanza: sólo se debe enseñar lo que de verdad se puede aprender. Es imposible que el estudiante medio aprenda todo lo que se le pretende inculcar. Hay que enseñar la cultura como el sistema de las ideas vivas que el tiempo posee. Pero uno se matricula para estudiar periodismo en Madrid y halla que sólo cuatro de los veintinueve profesores de la carrera han pisado una redacción. Que los demás han inventado asignaturas que se llaman comunicación de (algo inverosímil) y viven teorizando. Que nuestro sistema universitario no pretende investigar sobre las materias sino que los catedráticos se luzcan. Que los restantes profes trabajan en la práctica como toalleros de los catedráticos: imparten por ellos sus clases y les proporcionan horas de dulce asueto. Que el que reparte los empleos de redactor en lo público es un sindicalista que tampoco sabe nada de periodismo pero arregla oposiciones o consigue que las convoquen ad hoc. Que los directores de informativos son nombrados por los políticos no por aptitud, sino por ideología. Que el periodista que está al margen de los dos grandes partidos está, en buena parte, fuera del mundo. Que el empleo público consagra dos clases de ciudadanos con diferentes conjuntos de derechos: los que se alojan confortablemente en él y los que tienen que batirse en el privado. Que la remuneración es por asistencia, no por desempeño: aquí basta con ir al trabajo. Que continuamos fomentando que los más tiernos deseen no el empleo más enriquecedor, sino el vitalicio, el de cuarenta años repitiendo “otra vez lunes”. Que si los nuevos se quedan fuera del mercado es porque los viejos estamos blindados dentro. Que cada persona que se forra con un despido empobrece un sistema que, luego, paga menos. Que los mismos sindicatos que critican el paro juvenil fomentan la ventaja de los antiguos porque hacen primar la veteranía sobre la destreza en las oposiciones.

En la comunicación o en otros sectores, el sistema no genera puestos suficientes como para pagar a jóvenes recién llegados porque los que ya están calentitos dentro resultan muy difíciles de despedir, vegetan en la silla o disfrutan sabrosas bajas médicas legales, pero injustificadas. Si la uni no nos prepara para el trabajo ni el país soluciona esto es porque somos cortos de vista y sólo analizamos la cultura de los alumnos. Más terrible es la preparación de los que enseñan. En cuanto a la profesión de diputado, nos hemos acostumbrado al discurso aberrante de la mayoría de los parlamentarios…sin contar con que muchos senadores van a trabajar sólo cuando espontáneamente se despiertan.

Maestros, redactores y líderes son ejemplos de vinistes, piensodeques y masmayores que no saben conjugar los verbos irregulares. Ellos son los que están enseñando a la población a hablar con su discurso y a vivir con su ejemplo, el del éxito de los ignorantes.

Somos la mayor fábrica de parados del primer mundo. Nos disculpamos escupiéndole a los chicos que son la generación mejor preparada de la historia. Eso no se puede comprobar pero seguramente es una mentira monumental y deliberada. En todo caso, jamás les decimos a estos pobres lo único que les ayudaría: “ante nuestro fracaso, haced las maletas”. Intuitivamente, casi seguro que son una de las generaciones más incultas, pues ignoran qué es la Odisea, dónde está Luxemburgo o en qué siglo nació el fascismo. Hay excepciones pero, en el país alérgico a los trabajadores brillantes, los currículos más rutilantes quedarán varados en la nada o irán arrugados a la papelera. Primero, porque diremos “no, si cogemos a éste tan bueno se nos irá pronto”. Segundo, porque nuestro sistema de selección laboral no es de mérito y capacidad, sino de relaciones personales: somos un país de cortesanos y también la patria orgullosa del “pequeño Nicolás”. Hemos inventado el enchufe. Algunas administraciones albergan hasta tres generaciones de una misma familia que se han ido colocando unas a otras.

Más vida en @rafaelcerro

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