Nadie es impuntual

Nadie es impuntual

Publicado por el jul 30, 2015

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No es fácil corregir los defectos que no se asumen. La principal razón de que no dejemos de ser impuntuales es que no reconocemos que lo somos: cuando llegamos tarde, emitimos excusas recurrentes que siempre apuntan a terceros responsables, como ha sido por culpa del trabajo o una minifaldera tremenda sin seguro a terceros ha provocado un colapso en Recoletos. Cualquier cosa, menos asumir que no hemos sido puntuales.Pero el interlocutor conoce esas excusas de antemano. La impuntualidad es un feo escaparate de nosotros mismos, como la mala ortografía o como la halitosis. La impuntualidad es, más que una falta de tiempo, una falta de respeto. Los más escrupulosos dicen que no es falta sino delito, pues hace perder mucho dinero al colectivo y también desdibuja muchas sonrisas.

Puede que el impuntual crónico sufra tanto como las personas con las que se ha citado. Sabe que acaba de dar mala imagen, pero también que es incorregible: va a volver a hacerlo la próxima vez. La revolucionaria fórmula española contra la impuntualidad consiste en fijar citas de horquilla ancha que ya la prevén. El consabido Quedamos de doce a doce y media, impensable en otros lugares, que en nuestro país realmente quiere decir: “Ve a las doce, que yo llegaré a las doce cuarenta…pero sólo diez minutos tarde”. El impuntual que llama para edulcorar su pecado con la frase Estoy llegando accede al lugar de la cita diez minutos tarde si ha quedado en Soria, pero con media hora de retraso si el escenario de la cita es una gran ciudad, como Madrid. Siempre considera que no se computa como momento el de su llegada, sino el de la llamada de aviso. Una llamada que él considera que lo exonera de culpa. Todo el mundo habla de la lentitud de la Justicia, pero sólo lo que han padecido juicios saben que, habitualmente, Su Señoría llega con calma a la hora que le parece. Para eso es Su Señoría. La realidad es que la lentitud de la Justicia no es accidental: muchos profesionales viven precisamente del hecho de que los juicios duren años.

El impuntual tiene difícil escapatoria si le hacemos saber que nuestro tiempo vale tanto como el suyo, una aserción que desmonta casi todas las excusas. En las grandes urbes, una de las causas de tardanza  y de generación de peligro es la doble fila, una de las mayores muestras posibles de insolidaridad humana. Igual que el impuntual, el profesional de la doble fila tiene excusa siempre. Unas aluden al contenido de lo que estaba haciendo mal aparcado (estaba trabajando, estaba diciéndole una cosa a mi hermana) y otras, a la duración de su infracción: era solamente un minuto…independientemente de la duración real del estacionamiento.

El muy poco utilizado verbo español tardear significa “Detenerse más de la cuenta en hacer algo por mera complacencia, entretenimiento o recreo del espíritu”. Un hábito delicioso si no se ejecuta en perjuicio de los demás.

Más vida en @rafaelcerro

 

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