Coma y punto

Coma y punto

Publicado por el jul 27, 2015

Compartir

Tiempo ha que alguien que estaba a un paso de diplomarse en Magisterio me contó cómo sus compañeros se habían levantado contra las comas en conato de sedición. Le hicieron saber a la profesora que no estaban dispuestos a arruinar sus currículos académicos por nimiedades como la ortografía y ella respondió al estilo español. O sea: dándoles un aprobado general al modo de la autoridad que rinde armas ante cualquiera que utilice la violencia o esté indignado. A diferencia de lo que ocurre en otros países, aquí se entiende que para estar cabreado con lo que hace alguien no hace falta encontrarse previamente orgulloso de lo que uno mismo ha conseguido. Ni siquiera tener razón en el cabreo. Vivimos en una sociedad de derechos sin obligaciones, de modo que para alcanzar la indignación basta con la aversión al poder o a los discrepantes y sobra cualquier componente de crítica constructiva. Exigir este último sería como pedirle al sindicalista que, antes de ponerse a repartir la riqueza, colaborase a crearla.

Antaño, coma significó crin. Hoy, se entiende que para formar a nuestros pequeñuelos en materia de Lengua serviría un caballo. Daría igual que el équido supiera o no lo que es la virgulilla, el trazo formado precisamente a semejanza de la coma y que corona la letra eñe.

Casi todos los jovenzuelos de aquella promoción que cito consiguieron su diploma y supongo que ahora andan deformando alumnos por España: la maestra les dio el aprobado general porque estaban en último curso sin ninguna posibilidad ya de formarse en ortografía. Ésta es una sociedad que puede describir oralmente lo que le ha ocurrido el día anterior, pero no tiene la menor idea de cómo escribirlo con corrección. Años después entrevisté en la radio a un sindicalista que me explicó que quería que, en la comunidad de Madrid, pesasen mucho más los puntos adquiridos por antigüedad que los cosechados por el mérito en el examen. Muy español: ésa es la mejor manera de no tener nunca dando clases a los que saben dónde se colocan las comas y una muralla prácticamente infranqueable para los jóvenes valores bien formados. Si sacas una notaza en el examen pero no sumas puntos por añejo, no serás profesor.

La coma es un signo ortográfico que, situado al pie de algunas palabras, desempeña tareas de secundaria importancia como conferir sentido a las frases o permitirnos llevar oxígeno a nuestros bronquiolos para que sigamos viviendo. La locución española sin faltar una coma significa con exactitud o con textualidad. Pero algunos escritores la desprecian: salpimentan las comas al azar sobre el texto desde drones o las asperjan con difusores giratorios como los que riegan el césped cuando nos marchamos de la piscina. O, sencillamente, han prescindido de ellas. Ojalá sean sólo los alumnos preadolescentes los que ya no saben utilizar la coma, pero creo que ha llegado el momento de examinar también los textos de sus maestros.

Más vida en @rafaelcerro

 

 

 

 

 

Compartir

ABC.es

Pienso de que © DIARIO ABC, S.L. 2015

"Jamás logré resolver una integral. Calculé un área, pero el resultado me salió en ohmios". ¡¡¡Gracias!!! Más sobre «Pienso de que»

La entrada más popular

Han habido

28... Lee la entrada completa

Etiquetas
Twitter