La virtud de la envidia

La virtud de la envidia

Publicado por el jul 20, 2015

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Ningún impuntual reconoce serlo. Habrán escuchado mil excusas como “Llegué tarde por culpa del trabajo”, “Sufrí un ataque de criptorquidia en el coche” o algo más sencillo como “Un dragón de seis metros entró al vagón y devoró a los pasajeros del metro que peor olían”. Tampoco reconocemos nuestra propia envidia, que el Diccionario define elegantemente como “pesar del bien ajeno”. Es un pecado capital, calificación cristiana que no se refiere a su gravedad, sino a la capacidad de este pecado para generar otros. Existe envidia de las dimensiones: algunos varones la sentimos en el gimnasio ante superdotados que pasean desnudos durante mucho tiempo. Trabajo probando coches: la gente te pita poco si infringes alguna norma con un utilitario, pero te abrasa con el claxon si haces exactamente lo mismo con un Porsche 911.

La última sandez del lenguaje políticamente correcto es “siento envidia sana”, una manera de reconocer que albergamos ese sentimiento sucio pero nuestra alma continúa pura. Que somos buenos hasta eligiendo nuestros pecados. Hasta ahora, la bobada similar más extendida era “*catástrofe humanitaria”, que topa con el problema de que humanitario quiere decir benigno y no se le puede aplicar a un desastre. “Envidia sana” es peor: es una simpleza límite, porque casi sin mimbres construye un oxímoron perfecto: la tristeza ante el bien del prójimo no puede ser saludable nunca, así que el esquema es contradictorio. Es como si digo “asesinato cariñoso”, “silencio atronador” o “senador madrugador”.

 

Senado vacío

Los senadores madrugadores del pleno de las 11:15.

 

Los senadores no van al primer pleno ni aunque los despierten con un rifle, los asesinatos son canallas y el silencio sólo puede atronar en poesía. Otra cosa es que yo sienta admiración, pero eso equivale a estima o agrado y nada tiene que ver con lo que nos ocupa. Como si fuera una virtud hablan de la envidia. Un genio ilustró ésta con un ejemplo referente a nuestro pueblo.

 

Borges envidia

 

@rafaelcerro

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