Y tú más

Y tú más

Publicado por el jun 17, 2015

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Umberto Eco ha dicho que el drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad. Aquí casi no quedan tontos del pueblo con plaza; gastamos muchos más tontos de bar, cuñados enteraos y poetas de la Red. Pero, por lo demás, el señor Eco nos ha clavado. La explosión de la Red confirma nuestras dos notas diferenciales como pueblo. La primera, que nosotros no aprendemos de la historia. No por necedad, sino por ignorancia: difícilmente se puede emplear como herramienta lo que no se conoce. Votamos a los marxistas en el siglo XXI porque no sabemos lo que es el marxismo, un esquema con un cero por ciento de éxito si medimos éste en producción de felicidad colectiva, no en generación de bienestar para la élite política. La segunda nota: que somos una máquina de etiquetar al enemigo ignoto para odiarlo inmediatamente después.

Si decimos que Andalucía es un albañal sin futuro por culpa de algún político, sale un rojo que cita la Gürtel. Invariablemente, introduce esa réplica con la fórmula “Anda que vosotros…”. Cuando nos quejamos de cómo se ha financiado el partido en el poder, sale un facha que se queja de que peor es lo de los ERE. No sé si peor. Entrar en el debate de cuál de las dos corrupciones es peor resulta intelectualmente repugnante, porque nos distrae de la única cuestión axial: los dos grandes partidos, los dos mayores sindicatos y la saga de emprendedores Pujol se lo han llevado en algún momento. La frase española para responder a cada uno de estos casos es el famoso y tú más, un salvoconducto para corruptos que desvía la atención y empaña la inteligencia. Los contertulios mediáticos son los auténticos intelectuales españoles, porque (salvo excepciones) opinan sin necesidad de haber leído ningún libro. Cuando uno se queja de la putrefacción de A, otro la compara con la de B. Todos los que hieden salen bien parados con esta costumbre. Simulamos un debate ético, pero libramos uno ideológico. Una pelea de apriorismos en la que cada uno sabe lo que piensa antes de empezar y, por supuesto, mucho antes de escuchar al otro. Todo se expresa en un lenguaje televisual: sencillo y sin matices. Sin matices no hay riqueza. ¿Por qué es tan lineal y efectivo el mensaje del líder de la izquierda radical, porque él es populista? No: de hecho, Iglesias defendería igual de bien el mensaje del Partido Popular. Pablo es el mejor orador que tenemos y también uno de los más cultos. Su oratoria es tan comprensible porque él ha nacido dentro de la televisión y la audiencia ha crecido viéndola durante cuatro horas diarias.

La gente de derechas y de izquierdas de aquí piensa exactamente lo que esperamos que puede pensar. Somos retratos robot de nosotros mismos, estereotipos con una lengua y un remedo de cerebro. Un imbécil de derechas me auguró que Chomsky no pasaría a la historia porque su pensamiento se apagaría pasados unos años. Terminé de cenar en otra mesa del restaurante. Necesito al rojo divino Chomsky tanto como a Borges, que cuando le decían que los anticomunistas eran fascistas respondía “Esto es tan incomprensible como decir que no ser católico es ser mormón”.

La enfermedad de la ideología atenúa la inteligencia. Nos obliga a aplicar a cada hecho la cuadrícula del apriorismo. El edificio ideológico mejor construido de la actualidad es la corrección política, que nos dice “Ante esto, puedes decir esto pero jamás esto”. Cerebros horadados por tabúes. Dentro de la corrección política está el mensaje del feminismo radical: “Todos maltratan a todas”. Un mensaje que el emisor no demuestra, pero que va tomando nuestros medios de comunicación día a día. La ideología nos unce con un yugo y nos hace descartar lecturas, no tratar a ciertos individuos o comunicarnos sólo con una mitad de Twitter. Una red tan polarizada que, cuando no la utilizamos para insultar, la usamos para retroalimentar los pensamientos que ya albergábamos.

En la próxima entrega sabremos cómo averiguar cuándo estamos enfermos de prejuicios ideológicos. Dentro de unas horas.

Más vida en @rafaelcerro.

 

 

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