Muy español (I)

Muy español (I)

Publicado por el may 7, 2015

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Uno de cada cinco parados y uno de cada diez empleados han cobrado trabajos sin cotizar por ellos a Hacienda, según un informe de Infojobs y Esade. Defraudan quienes trabajan, a veces acorralados por la miseria y la crisis, y también quienes encargan las labores. Dos de cada tres trabajadores dicen que sólo les ofrecieron cobrar en negro. El famoso son lentejas. Un amigo asiste en la Moncloa al espectáculo delirante de un operario que, al terminar de currar, pregunta en plena presidencia del Gobierno ¿Con IVA o sin IVA?, la frase más conocida de nuestro folclore fiscal después de Hacienda somos todos, que suena bastante a recochineo. El fontanero que viene a mi casa ni siquiera trae talonario de facturas porque “total, con IVA es tirar el dinero”.

Si recibimos una buena oferta laboral pero tenemos antigüedad en una plaza, no cambiamos: “No puedo irme de aquí porque me deben un dinero”. La frase es fascinante conceptualmente hablando, porque convierte un seguro de desempleo en una hucha, o incluso en una especie de plan de pensiones. No es una cantidad preparada por si tengo la desgracia de quedar en paro, es mi dinero. Por eso no me marcho motu proprio cuando tengo conquistada la silla: para no renunciar a lo acumulado. Al largarnos le pedimos al empresario que nos dé el paro. Dar algo que no era suyo convertía al empleador en un defraudador. Fingía habernos despedido, pero el dinero público no es de nadie, como agudamente apuntó la intelectual Carmen Calvo en su etapa como ministra. Por supuesto, de cultura. Cuando íbamos a escriturar un inmueble, el notario decía yo salgo un momentito y ustedes ya se arreglan. Se iba, pagábamos con billetes la parte opaca al fisco y él regresaba a supervisar la parte no delictiva de la operación. Delicioso: el máximo fedatario de la realidad pública, también corrupto y colaborando en otro fraude. Es una exageración decir que nosotros defraudamos casi siempre. Sólo lo hacemos cuando no media nómina ni otra prueba documental de ingreso. La propuesta fiscal de Podemos es fantástica: subir los impuestos a quienes ganan más de cincuenta mil euros. Para los votantes de su granero significa pagarán más los ricos. Para mí quiere decir pagarán más los que ganen más de cincuenta mil y estén en nómina. El problema es que los ricos no suelen estarlo. Como los Pujol. No sé si los conocen: me refiero a la conocida saga de emprendedores españoles que debería poner en su heráldica un antifaz cruzado con un arma de ganzúa. Lo habitual es que no estén en  nómina…y también que ganen un poquito más de cincuenta mil.

Pagamos lo menos posible por las rentas del trabajo, pero seleccionamos escrupulosamente a quienes van a percibirlas: el Diccionario de la Academia dice que enchufar es colocar en un destino a alguien que no reúne méritos. Para preguntar a la autoridad si llega nuestro enchufe, que la tradición y la literatura de aquí señalan como la vía preferente de colocación, utilizamos la oración qué hay de lo mío. Entonces, ¿no hay en España selección laboral? Sí, pero es autóctona y tiene su propio nombre. El juez Serrano la describió como sistema de Darwin invertido porque selecciona cretinos: galápagos lentos que, en lugar de extinguirse, atascan con su inoperancia los engranajes del sistema laboral.

Nuestra ley del embudo, nuestro no observar jamás en ojo propio la viga central del Empire State, también se traduce en exigir derechos laborales hasta que nos llega el momento de contratar. Si buscamos una empleada de hogar, en negro. Una cosa es solicitar la jubilación anticipada para ver si cuela y otra cabrearte cuando te contestan que no. El deseo se expresa como todavía me vendría bien cobrar durante unos años, pero mejor sin venir aquí. La profunda insolidaridad del deseo, el que otros contribuyentes tengan que pagar por mi ausencia, se camufla en la enormidad del piélago de cotizantes. Este dinero no era de nadie. Hacienda no es nadie. Por eso fue un hallazgo aquel eslogan de la contradicción. Algunos de los motivos de baja laboral más delirantes son perfectamente legales porque están reconocidos por escrito. Convenios de marqueses. Absentarme porque estoy enfermo no es lo mismo que absentarme porque operan a mi madre, ni porque han ingresado a mi casero a causa de un ataque muy agudo de criptorquidia.

Comprobarán que, si envían un correo masivo a partir de las doce del mediodía del viernes, el sistema les devuelve parte de las cartas con la coletilla de estoy ausente de la oficina. Un especialista en redes me aconseja no tuitear mensajes importantes ese día, ni tampoco el lunes. Los lunes sí estamos en el trabajo, pero de mal humor y menos activos en las redes. Nuestras frases de primera hora son ¡Ya ves! ¡De lunes! y también Se me ha hecho muy corto el finde. La solución para la deprecación plañidera del arranque de la semana, que cierre los ojos y llegue el martes, está al alcance de nuestra mano: se llama inversión temporal del ocio y también calendario hedonista de inversión.

Consiste en trabajar los sábados y domingos para después holgar durante cinco días. La semana española.

Los que defraudan se agarran a que también los políticos se lo llevan muerto. Siento desilusionar a mucha gente, pero eso es una respuesta de cabreo, no un argumento ético. José Ortega y Gasset desmontó la frase la culpa es de los políticos con argumentos demoledores que conoceremos en la próxima entrega. Lamentablemente, la gente desconectó del sabio. Ahora, casi todos creen que Ortega no es un filósofo, sino un champú de hierbas.

Dedicado a la cotizante pero muy española C. Sánchez Cabrero

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