Selección natural

Selección natural

Publicado por el feb 21, 2015

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Nuestros tontos hacen mucho ruido y parecen legión. Seguramente aquí no hay más que en otros países, pero el sistema español de selección de personal les confiere mucha notoriedad. La tradición nacional de enchufar a los amigos hace que hoy uno llegue a secretario de Estado, que mañana otro ascienda a número tres de un partido político y que pasado un tercero se convierta en actor famoso y se marche a Cuba en busca de libertad. Todos aparecen mucho en la tele. Como el contertulio que el lunes analiza el bosón de Higgs, el martes diserta sobre la luz en Sorolla y el miércoles describe el penar sordo del pueblo kurdo. Triste destino el de una sociedad que paga para que le indiquen cómo tiene que pensar. Antes, en las tertulias tradicionales de los cafés, la gente discrepaba. Pocos se preguntan por qué nadie profundiza en nada. El historiador Serafín Fanjul me cuenta que un presentador al que se le acababa un programa de radio le pidió que definiera el Islam en veinte segundos. Una periodista entrevista a un notable que adquirió la fama por vía genital. Escucho y deduzco que ahora él puede transmitirle la notoriedad a otra mujer por idéntico conducto y en las mismas condiciones de humedad y temperatura. Si se lían, será famosa.

La República de Corea, un país de flacos sometido por un dictador gordo que regenta cinco campos de concentración, necesita un rostro occidental dispuesto a alabar al tirano más sanguinario de nuestra era. Sin dudar un instante, acude a ficharlo al mercado internacional de imbéciles más prestigioso: el español. Glorioso: un tío de Tarragona explicándole al mundo lo bueno que es para el proletariado que las gentes de Corea del Norte mueran en hambrunas. La mayor diferencia entre nazis y comunistas es que los nazis no disimulan sus intenciones, según @esopmontaraz.

El Diccionario de la Academia señala que enchufar es colocar en un destino a alguien que no reúne méritos, ya sea por amistad o por influencia política. Las dos vías de acceso nos suenan. La clave de nuestro éxito en la generación y cultivo de cretinos es el sistema de selección laboral,  identificado por Francisco Serrano como sistema de Darwin invertido. Consiste en desconfiar sistemáticamente de los empleados brillantes y escoger siempre los galápagos más lentos: subordinados grises que no nos hagan sombra nunca. Aduladores fieles. Como resultado, la evolución de la especie española selecciona imbéciles.  Individuos inviables que en otros lugares se extinguirían pronto, antes de desovar en la playa, pero aquí llegan a presidentes del Gobierno y dicen delante de todo el planeta en la cumbre de Copenhague que la Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento. La gentualla ha tomado el poder. Se lo otorgamos en 2004 votando y, como el desgarrón que hizo en la economía nos supo a poco, estamos a punto de devolvérselo en 2015. Como si lo más lógico para eliminar la corrupción de un partido conservador fuera elegir a otro estalinista que lo hunda a uno del todo.

Los principios de mérito y capacidad han caído en desuso como criterios de selección y ahora cualquiera sirve para desempeñar cualquier función. Conozco un locutor gangoso. Seguimos siendo un país de cortesanos con gente más ocupada en hacer reverencias y en ponerse rodilleras que en que la Administración y las empresas funcionen. Todo el que llega a un puesto de mando  y debe seleccionar personal recuerda de pronto a sus primos, a sus amigos de copas y a sus concubinas más diestras. El postulado de Trinque, elaborado por el profesor español José Luis Trinque, afirma por eso que “toda detención de un alto cargo político que se ha llevado dinero deviene tarde o temprano en la detención de su cuñado con las manos en la masa”.

Un seleccionador de creativos le dijo a un publicitario que conozco que no lo podía contratar porque era demasiado bueno. Un cazatalentos obligó a un compañero a quitar de su currículo la referencia a un máster para no asustar a los posibles contratadores.

Al mezclarse, el rojo y el gualda se han vuelto grises.

Don Manuel Verdugo, el poeta tinerfeño desaparecido en 1951, nos regaló estos versos proféticos que Alfonso Ussía rescató del olvido:

 

Si el hombre quiere, imperfecto

la perfección alcanzar

el buen camino es el recto

y por él debe tomar.

Dedicado a José Luis Merinero, que hace cincuenta años vio que esto no funcionaba y se largó a trabajar a Suiza.

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