Tópicos y mentiras

Tópicos y mentiras

Publicado por el feb 18, 2015

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Los tópicos: los medios de comunicación los repetimos sin conocer su origen o incluso sin saber qué significan. Son expresiones muy repetidas que casi nadie cuestiona y que van perdiendo significado igual que una lata abierta pierde el gas y con ello la fuerza. Por ejemplo, en los diarios deportivos el adjetivo histórico ha sustituido a importante y con ello ha perdido precisamente toda su trascendencia. El abuso ha convertido lo histórico en cotidiano y la gente ya no se inmuta cuando escucha la palabra. Digamos que todos saben que el uso del vocablo es de mentirijillas y que lo histórico no es que Casillas pare un balón, sino que Pizarro conquiste Perú. Lo de Iker es meritorio. En conjunto, probablemente seamos los mejores del mundo en deporte, pero es una mala cosa que nuestros hijos piensen que lo más trascendente de la vida es lo que ocurre sobre el césped.

Lo rebuscado también degenera y muere. Cuanto más alambicada es una fórmula, más se aleja de los giros de la calle y menos gente la entiende. Si la radio anuncia que conecta con “la Bolsa de Madrid”, todos comprendemos lo que está pasando. Pero si ofrece “información desde el parqué madrileño”, hay menos gente que lo entiende y con razón: parqué también hay en el pasillo de mi casa y por eso obligo a las visitas a que caminen sobre patines de trapo. Cuando el locutor dice “nos vamos a la plaza de la Lealtad”, sus  palabras ya se vuelven ininteligibles para una mayoría aplastante de oyentes. Los tópicos ahogan el sentido de nuestro discurso como si habláramos a través de un cojín: el periodista económico que escribe las antiguas pesetas tampoco sabe muy bien lo que dice. Las pesetas no son antiguas ni modernas: sólo son pesetas. En todo caso, la expresión tópica parece indicar que hay dos tipos de peseta: la nueva y la vieja.

El término hoja de ruta se ha extendido tanto entre los periodistas poco críticos que nos ha hecho olvidar que existe la voz tradicional estrategia. Quizá nos sería aun más útil el breve y simple plan. Quien planea hacer algo, tiene un plan. No le hace falta ninguna hoja. Ni de ruta, ni de cálculo, ni de calendario. El sintagma vacío de contenido es redundante porque decir vacío es suficiente. Lo mismo que brutal atentado. La Real Academia define atentado como “agresión contra la vida o la integridad física o moral de alguien” y, en principio, una agresión no es delicada. Así que lo de brutal sobra. El tópico más teñido de redundancia es seguramente el ya clásico accidente fortuito. Un hecho sujeto a contingencia es precisamente un accidente.

No todos los tópicos son costumbres estúpidas, pero inocentes. Entre los tópicos tóxicos más extendidos, el más nocivo y creíble es el de la famosa generación más preparada de la historia. Los periodistas de copia y pega han adoptado la expresión sin plantearse siquiera si hay un modo de comparación entre la sapiencia de distintas generaciones. Yo no aseveraré que los universitarios de hogaño saben más informática que los de hace veinte años pero son claramente más incultos en humanidades, prácticamente ignoran el uso culto del español y escriben sumergidos en faltas de ortografía; no me atrevo a tanto porque aunque a mí me parezca evidente no conozco un protocolo científico para comprobarlo. Pero hay dos hechos ciertos: que no existe un comparador diacrónico eficaz de la preparación académica y que toda persona a la que le decimos que es la más preparada de todos los tiempos tiende a relajarse y a no estudiar.

Idea igual de extendida y más peligrosa todavía es ésa de que las mujeres cobran menos que los hombres. Cada año, los medios de comunicación difunden ese mensaje interesado e incluso especifican cuánto menos ganan las chicas o cuántos días más tienen que currar para ingresar lo mismo, pero nadie conoce casos reales a su alrededor. En todo caso, quien supiera de uno solo solamente tendría que denunciarlo para equilibrar la injusticia. La mentira es la resultante de dividir las masas salariales femenina y masculina entre el número de trabajadoras y de trabajadores…pero ocultando los  matices. Hay mujeres que cobran menos porque trabajan con jornada reducida y hay hombres que ganan más que ellas porque hacen horas extraordinarias o porque disfrutan de una categoría salarial más elevada. Lo que no hay, salvo contadísimas excepciones, es personas que cobren salarios diferentes con la misma categoría laboral trabajando el mismo número de horas. Y menos por razón de sexo. Hablo de idea peligrosa porque quienes fabrican esta mentira oficial buscan al realizar su estadística un resultado preconcebido. Pretenden aventar la eterna ofensa del feminismo radical y el sindicato que cada año publica la encuesta sobre el asunto ha logrado, desde luego, convencernos de que el agua es sólida. Insisto: salvo casos anecdóticos que se pueden denunciar en lugar de utilizarlos para engordar una estadística, aquí no hay mujer que gane menos que un varón haciendo lo mismo, con la misma categoría salarial y durante el mismo número de horas. Pero nos hemos acostumbrado a digerir mentiras.

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