Anglomanía

Anglomanía

Publicado por el nov 18, 2014

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Anglomanía es afectación en el empleo de anglicismos. Éstos son necesarios cuando no tenemos palabra para referirnos a las novedades, normalmente tecnológicas, que la evolución genera. La Ortografía española admite el sustantivo wasap, que designa algunos mensajes telefónicos, y su verbo derivado wasapear, porque no hay otra manera de referirse a ellos. Podemos escribir con g ambas palabras: guasap y guasapear. Otras veces, las importaciones se acaban imponiendo aunque sí tengamos nuestra propia voz. Lifting y flash-back triunfaron en su momento porque casi nadie llegó a decir ritidectomía en medicina ni analepsis en el cine.

Los barbarismos no resultan necesarios ni cuando son producto del esnobismo ni cuando dimanan del miedo del hablante a parecer pasado de moda. Me refiero al necio que se siente más importante cuando dice que es runner en lugar de corredor, que venera a las celebrities en lugar de a los famosos o que participa en un talent show en lugar de en un concurso. Como norma, no nos hace falta el anglicismo que elimina una palabra nuestra. Los matices técnicos no son excusa para incrustar un nuevo extranjerismo en nuestras vidas: se nutra o no de muchos o pocos pequeños mecenas, crowdfunding sigue siendo una colecta cuando hablamos en español.

 

Crowdfunding clásico, antaño cepillo.

Crowdfunding clásico.

 

Micromecenazgo es artificial. Siempre habíamos dicho sencillamente suscripción popular. Pero al esnob o imitador de conductas distinguidas todo le suena mejor en inglés, normalmente porque esta lengua le resulta exótica.

A veces, las propias empresas difunden ejemplos de esnobismo e incluso blasonan de ellos con orgullo:

Shopping

Si me lo dicen en inglés, parece que me dan más dinero.

 

 

La gente normal acude al karaoke, que ya era una importación del japonés, pero los pedantes que están al día optan por el sing along. El personal come magdalenas en lugar de muffins. Decora otras magdalenas en lugar de cupcakes. Tiene un entrenador, no un coach. 

En nuestras manos está conservar el español, un tesoro de cuatrocientos cincuenta millones de personas, o convertirlo en una jerigonza híbrida tan trufada de anglicismos que muchos, especialmente los mayores, no la entiendan.

Más vida en @rafaelcerro

 

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