Aquí no hay corrupción

Aquí no hay corrupción

Publicado por el oct 29, 2014

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En 1817, Rusia vendió a Fernando VII una flota destrozada por las guerras y con el maderamen podrido. En compensación, el zar Alejandro I nos envió tres fragatas también deterioradas y vetustas. Incontables comisionistas se habían lucrado en el enésimo caso en el que algunos corruptos se embolsaron una cantidad grande haciéndonos perder otra enorme. Fíjense en esta crónica de prensa sobre otro corrupto: “Jordi Pujol ha sido incluido en la querella presentada por la Fiscalía General del Estado […] y el magistrado […] tomó declaración a Pujol durante dos horas y media en…”. Es un texto de 1984 relacionado con la supuesta implicación en el pufo de Banca Catalana de Jordi Pujol i Soley, patriarca de una próspera familia de emprendedores. Hoy podríamos abrir los informativos con una noticia de tres décadas de antigüedad y todo sonaría actual. Vivimos cómodamente instalados en el Día de la Marmota.

Octubre de 2014. La televisión catarí Al Jazeera valora nuestro último espectáculo planetario, la Operación Púnica, como “la mayor operación contra la corrupción en la historia de España”. Un gran error de valoración y desconocimiento: casi toda nuestra línea histórica está relacionada desde hace siglos con actos podridos. La séptima acepción de corromper en nuestro Diccionario hace referencia a “oler mal”. La primera remite a trastocar la forma de algo y la segunda, a “pudrir”. Si corromper es ensuciar cosas limpias o deformar algo recto, esto de ahora no es estrictamente corrupción porque aquí no quedaba nada impoluto. Por ejemplo: estrictamente hablando, decir “corromper nuestra estructura municipal” probablemente resulte redundante. Nada nuevo hay en que hayan aparecido tantos cuñados en las Guerras Púnicas; cada vez que pisamos un escenario laboral con voz y mando, enchufamos antes que a nadie a cuñados, yernos y barraganas. En algunas empresas, los trabajadores no pueden aparearse entre ellos para que la consanguineidad no malogre a la descendencia.

Hay una definición del lenguaje del Derecho que sí se basa en ese estado de pureza previa ideal que nuestro tejido social y político no muestra ni quizá haya mostrado jamás. Es corrupción de menores: “delito consistente en favorecer la prostitución de menores o incapaces…”. Casi todos los menores sí son corruptibles. Por fortuna. “Sancho: ahora más que nunca hueles y no a ámbar”; La prueba de que ni exhalamos aroma a espliego ni podemos presumir de pureza es la existencia de un género literario denominado picaresca, pues los maestros de la literatura escriben sobre lo que ven. Lázaro camina por el mundo desde mediados del siglo XVI, Rinconete y Cortadillo nacieron en 1613 y el Buscón es del mismo XVII. Hay obras del XVIII y en el XIX y el XX la picaresca la hemos escrito los periodistas. Esto ha sido así siempre. Pero si quieren quedarse tranquilos podemos seguir pensando que el primer pícaro fue Bárcenas. Que este hedor a huevos podridos es nuevo. Que aquí no hay una fábrica eterna de gentualla.

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