Fan zones

Fan zones

Publicado por el may 25, 2014

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La ola de cieno nunca había sido tan rápida ni tan arrolladora. La avalancha de anglicismos progresa tan deprisa que podría presentarles dos o tres nuevos cada semana. Por ejemplo, ahora los más enterados le llaman naming a cualquier proceso de nomenclatura; a ponerle nombre a algo, vamos. Los barbarismos estallan en las redes sociales y en los medios de comunicación plagados de redactores poco preparados. Para periodista sirve cualquiera que resulte barato.

Un esnob es un imitador, una persona simple que emula las maneras de aquellos a quienes considera distinguidos. Cuanto más inculto es un periodista (muchos han escrito esta semana placenta “de caballo”), más anglicismos reproduce, pues más exótico le parece el inglés. La incultura del emisor es precisamente la que contamina tanto de extranjerismos el periodismo deportivo. El periodista Javier Gálvez me llama, desesperado porque la tele ha escupido consecutivamente backstagecoach míster en un programa en español sobre la Copa de Europa. Lo que ahora llamamos Champions League. Apaga enfurecido el televisor y me cuenta que los reporteros están llamándole fan zones a unas áreas para los aficionados que hay en Lisboa. Conecto la radio y la locutora está pronunciando [fan zones], en español. Así tampoco entienden nada los angloparlantes, porque la chica realmente no está hablando ningún idioma, sino un híbrido que acaba de crear. Admite el anglicismo al instante en parte por desidia, en parte por estulticia, en parte por seguir la corriente. La Fontaine dijo que todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda. Como cuando decimos tablet: nos cargamos una palabra española por ahorrarnos el esfuerzo de pronunciar una letra más y porque tableta no nos parece exótico.

Hace pocas décadas, la oratoria de los locutores españoles era un ejemplo para la gente. Ahora la contamina. La intoxicación por anglicismos, como la mala ortografía, es una halitosis del lenguaje que deja muy mal a quien la padece. Y no se trata de rechazar sistemáticamente los extranjerismos: cuando la gente empieza a wasapear, la academia admite ese verbo necesario y todo el mundo se entiende. Pero se trata de importar los términos imprescindibles, no de hablar como si esto fuera Puerto Rico. No somos una colonia lingüística del inglés.

Dedicado a @javiergalvezm

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