Cómo hablar como un auténtico imbécil (II)

Cómo hablar como un auténtico imbécil (II)

Publicado por el mar 2, 2014

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Michel de Montaigne dejó claro que nadie está libre de decir estupideces y matizó que lo malo es decirlas con énfasis. Una parte considerable de la población incluye orgullosa en su currículo verbal el consabido “muy amigo de mis amigos”, frase de calado y agudeza equivalentes a los de “cuñado de mis cuñados”. Aserción, en fin, que no significa absolutamente nada, pero con la que desayunamos frecuentemente en los dos sentidos académicos del verbo: realizar la primera colación del día y tener la primera noticia de un suceso. Personalmente, cada vez que me endosan la frasecita sonrío a mi interlocutor y pienso que ha procesado un pensamiento inteligente que quedaría muy hermoso esculpido en el mármol de su lápida. Sería igual que decenas de millones de epitafios, pero qué más da. Una vez que sé que mi interlocutor es amigo de sus amigos y no de sus enemigos o de su charcutero, tanto la conversación como mi propia vida siguen adelante bañadas en la luz del conocimiento.

La frase definitiva, el pensamiento profundo que no puede faltar en el discurso de un necio perfecto, que más que simple aserción es firme advertencia: “Ojo: yo por las buenas soy muy bueno, pero por las malas…”. Brillante a la par que original. A los demás no nos pasa eso, claro. Pienso en esa frase algunas noches justo antes de dormir. El vello de la espina dorsal se me eriza durante un suspiro y mi almohada absorbe una lágrima furtiva. Recuerdo a  Aníbal Lecter, aquel héroe que sólo mataba tontos y maleducados.

hannibal_lecter_

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Pienso de que © DIARIO ABC, S.L. 2014

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