La semilla del diablo (y II)

La semilla del diablo (y II)

Publicado por el feb 11, 2014

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La revista para chicas de la que les hablaba en el artículo anterior muestra un lenguaje lleno de apócopes. Algunos son prota, cono, pandi, compis, diver y profe. Seguramente muchos de ellos son de uso cotidiano. Doy fe de uno en concreto, cono, que abrevia un título de asignatura inventado por algún político e inutilizable por su longitud: conocimiento del medio.

Más preocupante resulta que este código que niñas y preadolescentes están interiorizando incluya el giro políticamente correcto de empotrar una arroba en algunas palabras para no ofender a las almas más sensibles con el género. Aunque la arroba no es una letra, leo tod@s. El titular “loc@s por sus mascotas” hace pensar a las lectoras jóvenes que es incorrecto representar a ambos géneros mediante la o en algunas terminaciones. No sé si esta gente escribe también estudiant@s porque el término no aparece en el número de la revista que yo tengo.

El lenguaje es una convención y, como tal, una herramienta creada para que nos entendamos. Bien está que el uso vaya cambiando normas de manera natural, pero no que alguien invente forzadamente las suyas y se las imponga a personas en edad de estudiar. Estos redactores van creando reglas que imponen a lectoras ávidas de modismos y que, probablemente, creen que todo lo que ven escrito es correcto. La revista mezcla indiscriminadamente mayúsculas y minúsculas, llama glups a los chascos e inventa situaciones de aprieto, glups, para que las lectoras valoren cuánta vergüenza sentirían si éstas se produjeran. Alguna es tan sutil como “que te cague un pájaro delante de todo el mundo”.

Más vida en @rafaelcerro

 

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