Esencias

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Publicado por el oct 11, 2013

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El olor es la impresión que los efluvios producen en el olfato, entendiendo como efluvio la “emisión de partículas muy sutiles”, según el Diccionario de la Real Academia Española. A veces no tan sutiles, según el emisor. La locución adverbial en olor de multitudes significa “en medio del fervor y el entusiasmo de mucha gente”. Quizá inicialmente decíamos en loor de multitudes, pues loor es alabanza, pero cambiamos de idea en un mercado atestado o atrapados en el Metro en julio. Eso le habría conferido al asunto el perfil jocoso que a veces tienen las cosas de la pituitaria. Cuando Sancho sucumbió al miedo, Don Quijote le dijo que lo había notado en que “ahora más que nunca hueles, y no a ámbar”.

Pero el Diccionario Panhispánico de Dudas afirma que todo ocurrió al revés: la expresión tradicional fue en olor de multitudes, utilizada metafóricamente en el sentido de que una cualidad se exhala como un aroma, y las connotaciones graciosas quizá hicieron que algunos sustituyeran la palabra clave por loor. Esta voz, “por significar elogio, encaja mejor para el hablante actual con el valor de la locución. Pero se trata de una ultracorrección que debe evitarse”. O sea: que corremos el riesgo de pasarnos de exquisitos.

Lo más engañoso en terreno olfativo es la muy popular expresión “cambiar la caca”. El DRAE dice que cambiar, a secas, es “quitar el pañal a un bebé y ponerle uno limpio”, pero si lo que realmente hacemos es cambiarle la caca al niño ¿de dónde sacamos la de repuesto?

@rafaelcerro

 

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Pienso de que © DIARIO ABC, S.L. 2013

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