Y después de Assange el Freak, Eduardo Manostijeras

Y después de Assange el Freak, Eduardo Manostijeras

Publicado por el jun 10, 2013

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No deja de ser vagamente alucinante la que se ha montado alrededor de este hombre, Edward Snowden, que de empleado de lo que efectivamente es el Gran Hermano norteamericano, la NSA, ha pasado a curioso revelador de secretos…que él y todos los que son como él conocían desde hace mucho tiempo. ¿Qué le ha dado de repente?

Recapitulemos. Habrá quien considere que ser un servidor público y traicionar secretos de Estado está feo y es alta traición. Habrá quien considere un héroe a quien lo hace. Entre estas dos agujas pende el hilo de la vida del soldado Bradley Manning, analista de inteligencia militar al que de sopetón le dio por empezar a largar secretos y más secretos del ejército de Estados Unidos.

Mi humilde opinión -después de haber estado cuatro años enfrascada en la investigación de la comunidad de inteligencia de EEUU, esfuerzo que dio pie al libro “De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak” (Destino 2011)- es que Manning no era tanto un héroe como un desequilibrado. Alguien frágil en una posición difícil. Hubo quien supo aprovechar esa fragilidad, prestarle estratégica atención, para animarle a filtrar un tipo de secretos que, dado su tipo de trabajo, le podían costar muy caros. Casi la vida. Ojo al dato que es importante: el autoproclamado mártir Julian Assange jamás ha corrido ni correrá un riesgo semejante. Por la sencilla razón de que el fundador de WikiLeaks nunca ha trabajado para el gobierno de Estados Unidos. A él no le pueden acusar de alta traición.

Pero por lo menos Bradley Manning tenía, según como se mire, una excusa consistente para meterse en semejante lío: y es que había visto al ejército de su país hacer cosas que a él le parecían raras. Que no eran las que le habían explicado que había que hacer para ganar reglamentariamente una guerra. Manning se asomó a un tipo de juego sucio que lo más seguro es que sea muy habitual pero que oficialmente no consta en ningún sitio. Que oficialmente no debería existir.

Edward Snowden, en cambio. ¿de qué guindo pretende haberse caído? Cualquiera que haya trabajado así sea cinco minutos para la NSA tiene claro de qué va esa vaina. Sí, se dedican a espiar masivamente comunicaciones privadas de ciudadanos privados. Lo hacen armados de su potentísima tecnología y de unos cambios legales que, atención, adoptó George W. Bush poco después de los atentados del 11-S y que, atención dos veces, nadie desde la bancada demócrata le discutió. Que en esto él y Obama y todos los demás están a partir un piñón. Igual que con lo de despachar drones, aviones espías y asesinos no tripulados, a liquidar enemigos.

La NSA lo oye todo, lo capta todo, lo puede saber todo. No sólo de su país sino de todos los demás. Casi todos los grandes nodos que conectan las redes mundiales de Internet pasan o pasarán en algún momento por algún punto de Estados Unidos. Teóricamente todo esto debería ser fuente inagotable de conflictos con la legislación europea sobre privacidad de las comunicaciones. Pero, ¿saben lo que pasa en la práctica? Pues que a todo el mundo le ha venido muy bien que exista esa Gran Oreja Americana. ¿Cómo creen ustedes que fueron localizados algunos etarras particularmente recalcitrantes en la era Aznar?

Curiosamente los americanos el problema con estas cosas nunca lo tienen fuera, sino dentro. Me explico: ese país tan técnicamente reacio a la mentira y a la doble moral vive en cambio instalado en una fantástica doble vara de medir por lo que respecta al espionaje. Está bien espiar a los rusos, a los chinos, a los alemanes y a los de Cuenca. Pero ojito con abrirle las cartas o pincharle el teléfono a uno de Connecticut o Wisconsin. La CIA constituye una panda de golfos porque históricamente ha actuado en el extranjero, el FBI un hatajo de puritanos reprimidos porque tradicionalmente operaban dentro. Esa es por ejemplo la razón de que cuando un terrorista de Al Qaeda consigue pisar suelo americano las probabilidades de que le pillen descienden un 50 por ciento. Porque espiar dentro es un lío mayúsculo.

Cuento todo esto para que se entienda que muchos europeos, asiáticos, esquimales, etc, estamos haciendo como poco el primo dándole tanta bola al escándalo este. Que los americanos se maten entre ellos por si pueden espiarse los unos a los otros…que lo que es a nosotros, hace tiempo que lo hacen cada día y sin cortarse un pelo. Y el señor Snowden seguro que lo sabe perfectamente, como sabía perfectamente que desde la Patriot Act su gremio empezó a tomarse ciertas libertades también en territorio USA. ¿A qué viene ahora toda esta indignación, todo este lío? ¿Todo esto quién lo paga y por qué?

Pero volviendo a lo nuestro, tranquilos. Si no es usted un etarra ni es cuñado lejano de Bin Laden, no se preocupe. Seguramente sus comunicaciones telefónicas, sus e-mails, sus whatsapps, etc, han caído, caen o caerán en algún momento en las redes de la NSA. Pero insisto, si es usted un hijo de vecino más o menos normal, ni se preocupe. Los americanos lo graban todo y no entienden nada. En general no saben qué hacer con el inmenso material confidencial que atesoran. Les viene grande el fruto de su propia tecnología.

Lo más probable es que el que escucha la cinta ni siquiera hable español.

 

 

 

 

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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