Vacuna y corralito

Publicado por el jun 29, 2015

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A mí que me perdonen por no entender nada. O por entender demasiado. Me parece muy serena y muy ponderada la reacción del pediatra que diagnosticó la difteria del niño sin vacunar de Olot y pide respetar el duelo de los padres. O saber callar, por lo menos. Personalmente considero indefendible que el calendario de vacunas no sea legalmente preceptivo, tan obligatorio como escolarizar a los niños. ¿De qué me sirve, clamo y proclamo una vez más, este maldito Estado que me chupa hasta los tuétanos en impuestos, que no me deja vivir ni levantar cabeza, si cada vez que voy a pedir un servicio, una lealtad, me dan con la puerta de la socialdemocracia en las narices? Cada vez que digo o escribo que la Sanidad pública está en crisis en todo el mundo occidental, también en España, se me echa encima una estampida de búfalos. Unos porque así se lo mandan, otros porque equivocarse es gratis y los más porque más cornadas da el miedo a que yo tenga razón. Como la tenía Bernard Kourchner, exministro francés y fundador de Médicos Sin Fronteras, cuando hace ya BASTANTES AÑOS (mucho antes de que esta maldita crisis resoplara en el horizonte) escribió un libro tremendo advirtiendo de lo que ni siquiera hoy nadie quiere ver: que esto se hunde. Que simplemente no hay atención médica universal y gratuita y suficiente para todos. No la hay y cada vez la habrá menos.

A mí no me entra en la cabeza que las vacunas de toda la vida sean opcionales y dependan del humor o del grado de información de los padres. Otra cosa serían esas vacunas de nuevo cuño que la industria farmacéutica suele sacarse de la manga a una sospechosa velocidad, médicamente muy desaconsejable, cuando se desatan alarmas e histerias sanitarias como la que hace un cierto tiempo vivimos con la gripe A, ¿se acuerdan? Yo en aquel caso no me vacuné y me opuse a que se vacunara a mi hija (aunque a su padre, que la llevaba al médico por otra cosa, le colaron la vacuna de rondón). Pero la difteria, hombre…

Yo no habría hecho lo que hicieron los padres de Olot porque precisamente desde que nació mi hija se exacerbó mi liberalismo, mi anarconfianza exclusivamente en mí, dejé de ver a médicos, funcionarios y demás empaquetadores de la vida ajena como chamanes o como gurús, empecé a consultarles, sí, pero como quien mira páginas de Internet, tomando yo en última instancia todas mis decisiones.

Sin embargo entiendo, cómo no voy a entender, que grandes cantidades de personas adultas, honradas e ingenuas, no debidamente escarmentadas (hasta ahora), hagan caso de lo que las autoridades de todo tipo les dicen. Y si te dicen que una vacuna no es obligatoria, pues te están diciendo que no pasa nada si no la pones.

Y pasando de Olot a Atenas: pues un poco tres cuartos de lo mismo. Ya nadie sabe cómo ponerse, si de canto o de perfil, para disimular la magnitud de un fracaso político en cascada, una Unión Europea y monetaria (pero no fiscal, ni económica, ni bancaria…) en caída libre, el desenmascaramiento sin esperanza de una impostura política tanto o más grande que el timo de que tenemos dinero para curar y atender a todos aquellos de nosotros que se pongan enfermos. No es verdad. No es verdad la deuda griega, sencillamente porque no se puede pagar, pero tampoco es verdad que la deuda sea recortable o condonable, porque países enteros, empezando por el nuestro, dependen de mantener la ficción de que esa deuda se va a saldar de algún modo, algún día.

En política se ha abusado siempre de decir una cosa, hacer otra y que al final ocurra incluso una tercera que nada tenía que ver. Pero se le empiezan a ver los límites a semejante desparpajo. Y hasta las orejas al lobo. Y para esto sí que no estamos vacunados. Nadie.

 

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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