Una Canción para Roldán, un foso de leones (vegetarianos) para Dragó

Una Canción para Roldán, un foso de leones (vegetarianos) para Dragó

Publicado por el mar 4, 2015

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Pareces Daniel en el foso de los leones”. La frase es de Laura Franch, directora de Comunicación de Planeta. Y se la dirige a Fernando Sánchez Dragó, autor del último libro-bomba de la casa, La Canción de Roldán. Subtitulada Crimen y Castigo, es una novela de no-ficción sobre la peripecia del antiguo director de la Guardia Civil, prófugo del felipismo y protagonista del período más largo de aislamiento penitenciario de la democracia española, Luis Roldán. Esta novela es al caso Roldán lo que A sangre fría de Truman Capote a los asesinatos de Kansas.

Hay algo de cochino interés personal en lo que voy a escribir porque hay algo mío en esa novela. Léanla y verán. La vida me puso enfrente de Dragó en un momento en que este no hacía tanto que se planteaba el suicidio porque le estaba costando Dios y ayuda acabar la novela más rara y más difícil de toda su tumultuosa trayectoria. Simplemente aquello no cuajaba, no le salía, y eso era una tortura para un escritor que siempre ha ido de sobrado.

La Canción de Roldán es Dragó puro, de la primera palabra a la última (y bien amargamente que se queja a veces Luis Roldán de ello…) pero de manera excepcional acoge punzadas de algunas plumas forasteras. Una es la mía. Otra es la del secretario y escudero literario de Dragó, el también escritor Javier Redondo Jordán. Hay además una invisible cascada de lecturas y relecturas, de miradas y espaldarazos amistosos y familiares a un libro que no es investigación ni periodismo sino literatura en estado casi violentamente puro, tan violentamente puro que se acerca a funcionar como una ruleta rusa. A lo largo de su escritura casi se matan el autor y el protagonista. Poco ha faltado para que esto no se acabara de rubricar con sangre.

Yo admito que me embarqué en todo esto un tanto frívolamente al principio. Como todo el mundo, como media España, pensaba que Luis Roldán era una alimaña sin matices y me preguntaba qué diablos se le podía haber perdido a nadie serio escribiendo sobre él, hurgando en su lamentable historia. ¿De verdad no había sujetos literarios mejores? Me sentí halagada ante la invitación a entrar en la cocina, en la sala de máquinas de un escritor famoso. Sentía curiosidad puede que incluso malsana. Pero desde luego descartaba que un libro así me fuera a aportar o enseñar nada.

Bueno. Pues no saben cuánto me equivoqué. Y cuánto me alegro de haberme equivocado.

Para mí hay un antes y un después de este libro casi en todo. Mucho ha cambiado mi visión de Roldán, de la historia reciente de España, del concepto de culpa y de redención, de la idea misma de humanidad. He entendido que la misericordia, esa cualidad sin la cual Dragó insiste en que un escritor no puede escribir, no tiene nada que ver con el síndrome de Estocolmo ni con perdonarle la vida a nadie. Misericordia es atreverse a comprender. Echarle huevos a los propios límites. No asustarse de verse reflejado en la miseria ajena como en un espejo. O sí, asustarse de verdad, asustarse mucho, pero fructíferamente. Reencontrándose con ese gramo de dignidad y de conciencia que nos restituye lo robado no a los fondos reservados sino a la esencia de nosotros mismos.

Todos somos Roldán, concluye Dragó, infatigable peregrino de la España Mágica a la España Podrida. Y con eso no exculpa a nadie pero nos da esperanza a todos. De protagonizar y sobre todo de merecer una aventura de expiación y redención tan extraordinaria y conmovedora como la que a muchas bandas –algunas bien divertidas, por cierto- relata este libro.

Y luego está el culto al cuerpo de los hechos, a lo que mucha gente cree que sabe sobre esta historia, a la chata, cutrísima dimensión exclusivamente periodística de un drama que, ya me perdonarán, pero yo he llegado a la sincera conclusión de que sólo se entiende, y se podría llegar a superar, desde la literatura.

Piensen ustedes una cosa: ¿cuántas toneladas de libros periodísticos y de investigación en el mundo han sido sobre la maldita corrupción, sin que esta nos dé un segundo de respiro, sin que el desastre deje de ser omnipresente?

¿Y si bastara un relámpago de lucidez humana verdadera, de esclarecedora alta literatura, para abrir las compuertas de la intuición, de una verdadera comprensión del fenómeno?

Poco a poco me fui apercibiendo de la razón profunda de que un libro como este hubiese sido encomendado a un escritor como Fernando Sánchez Dragó. Al principio me parecía una opción un tanto estrambótica, para qué les voy a engañar. No le acababa de ver la punta. ¿Qué tenían que ver Roldán y Dragó?

Luego comprendí que hacía falta alguien muy políticamente incorrecto, alguien que llevara mucho tiempo importándole un bledo quedar bien con cuatro romanos o con cinco cartagineses, para aceptar sentarse a escribir esta historia tan humana que quema. Este fuego que cura.

Atreverse a no tener miedo de entender a Luis Roldán. Atreverse a meterse en la boca del lobo de tantos como desde el minuto uno se lanzarían a despreciar un libro y una historia así sin ni haberla leído.

Entre otras cosas porque no todo el mundo se atreve a leer historias que le puedan cambiar, no diré la vida, pero sí un poco el alma.

Y hasta la dieta de los leones del foso de Daniel...

 

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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