Tiananmen, escalofrío corregido y aumentado

Tiananmen, escalofrío corregido y aumentado

Publicado por el Jun 4, 2015

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Yo era disparatadamente joven esa mañana de junio de 1989 que, hallándome de viaje, dando la vuelta a España en coche o algo así, entré en la tienda de una área de servicio, cogí un periódico y le vi. Vi la imagen de ese estudiante chino solo y de pie frente a los tanques. El escalofrío fue radical y fue completo en un momento de mi vida, debo decirlo, en que mi interés por la política internacional no es que fuera nulo, pero sí era bastante difuso.

A veces parece que la vida se construye como una secuencia de película. Que hay gente que ha nacido sólo para estar en determinado lugar y en determinado momento para conmover al mundo. No sé, nunca supe ni sabré quién era aquel llanero solitario de Tiananmen. Sólo sé que me arañó el corazón con una cercanía humana nueva, que ya no me permitió desentenderme nunca más de China como hasta entonces me había desentendido. Sacudió mi árbol. Hirió de muerte mi indiferencia.

Veintiséis años después, reviso todo aquello a la luz de lo desde entonces sabido, vivido y crecido, y compruebo con una indescifrable mezcla de alegría y pavor que el escalofrío me vuelve corregido y aumentado. Que no ha ido a menos sino a más. Como esos libros que lees en la adolescencia y que al releerlos en la edad adulta te gustan y te impresionan el doble. Que no destiñen con el paso del tiempo y de la consciencia sino todo lo contrario.

Con lo que ahora sé, de China y de muchas otras cosas, me pasmo doble o tristemente de aquel gesto, mucho más sin esperanza de lo que a simple vista creí en mi condición de joven occidental un tanto inconsciente entonces. Muchos que se llenan la boca con graves expresiones como libertad de expresión y derecho a decidir, que a todo le llaman atropello cuando no fascismo o dictadura, allí me habría gustado verles. Frente a una dictadura de verdad, con fría sangre de lagarto asesino, inmune a todo remordimiento, sanción o picotazo de la opinión pública. En China no se bromeaba ni se bromea con la disidencia, en China el que se la juega por la libertad, de expresión o de lo que sea, se la juega de verdad, sin garantías ni contemplaciones.

Aquel joven chino sabía que iba derecho a una muerte segura y que pudo ser incluso mucho más anónima, mucho más inútil, de lo que al final fue.

No sé si China, pero el mundo y desde luego yo somos mejores desde entonces. O, para ser precisos, nos sentimos (al menos me siento yo) en una obligación más perentoria de intentarlo.

Gratitud.

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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