Ser princesa en el Liceu

Ser princesa en el Liceu

Publicado por el may 31, 2013

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Yo nunca he sido princesa excepto en mi casa a la hora de dormir. Pero viendo (y sobre todo oyendo) las imágenes de los príncipes de Asturias en el Liceu me he visto (y oído) yo hace unos diez años, la última vez que pisé el coliseo operístico barcelonés. No fue una experiencia del todo agradable.

No fui a una ópera ni a un concierto cualquiera, sino a un concierto de homenaje por no sé cuántos años se cumplían, creo, de la creación de Catalunya Ràdio, la radio pública catalana. Acudí con el que entonces era mi pareja, un hombre nacido en Madrid, amante a más no poder de la diversidad lingüística, capaz de manejarse en varios idiomas, incluso de entender bien el catalán aunque no de hablarlo.

Estábamos sentados en un palco lateral del Liceu cuando de repente, en el palco central, se irguió en toda su estatura de entonces el entonces presidente del Barça, no sé si acordarán ustedes del inefable Jan Laporta. Puesto en pie conminó a todos los presentes a ponerse también ellos en pie y a entonar Els Segadors, el himno de Cataluña.

Le expliqué rápidamente a mi pareja, a mi novio madrileño, la situación. Él mostró su conformidad con que todo el mundo que quisiera cantara su himno y hasta que se pusiera en pie para hacerlo. “Pero yo ya me perdonaréis que ni cante lo que no sé, y que además no me levante”, repuso tranquilamente, medio parafraseando a Groucho Marx, “porque no tengo costumbre de ponerme de pie para cantar nada, ni esto ni ninguna otra cosa, es una idiosincrasia mía”.

Ante esto yo sentí una especie de desgarro entre el instinto de obedecer la voz de la tribu, a la que pertenezco desde la infancia, -soy catalana étnica por los cuatro costados, no es imposible que mi abuela fuera pariente lejana de Mossèn Cinto Verdaguer- y la urbanidad elemental de quedarme sentada junto a mi novio, al que además había invitado yo al Liceu.

Sinceramente creo que me habría acabado levantando (yo tampoco suelo hacerlo para cantar nada, pero en fin, si tanto se empeñaban…) de no haber mirado alrededor y no haber sentido una especie de escalofrío. De repente me impresionó ver a todo el teatro en pie. A todos y cada uno acatando la orden de Laporta. Me recordó a un documental de las juventudes hitlerianas, falangistas, comunistas…me da igual. Movimientos Nacionales ha habido muchos.

Ya sé que el tema tenía truco porque, a ver, para empezar el Liceu es MUY pequeño. Es un dedal de teatro, ¿saben? Se llena con dos cucharadas de gente. Seleccionando un poquito el público se puede conseguir casi cualquier clase de efecto que se busque. Es como esas encuestas de resultado demoledor, pero que en realidad la población, las personas a las que han preguntado, no llegan ni a las 600. Ojo con sacar demasiadas conclusiones demográficas.

Además la ventaja de liarla en un teatro tan pequeño es que como no hay prácticamente intimidad, al ser tan pocos y estar tan juntos, da como un no sé qué desmarcarse, diferenciarse, dar la nota… Yo pasé las de Caín para quedarme sentada aquel día junto a mi novio. Me parecía que éramos los únicos en todo el teatro que no nos habíamos puesto ciegamente de pie. Reconozco que sentí miedo, miedo sobre todo de ser distinta, de romper el cordón umbilical, de osar ser catalana de otra manera. Sentí mucho vértigo. Pero algo tercamente cívico y libre en mí me insistía en quedarme sentada junto a aquel chico madrileño al que yo había invitado a pasar unos días en Barcelona “porque ya verás, te va a encantar”. Algo en mí se resistió a dejarle solo en medio de aquel océano.

Quizás me acordaba de haber leído por ahí que en otros tiempos, los verdaderamente heroicos, cuando ser catalanista era sacrificio y no chollo, un tal Jordi Pujol, al que faltaba mucho para llegar a presidir nada, fue detenido, sometido a consejo de guerra y mandado a prisión por liderar que en el Palau de la Música se cantara otro himno patriótico, ante la plana mayor de las autoridades franquistas de la época. Cuando todo lo catalán estaba perseguido y prohibido, como tantas otras cosas en España. Cuando ponerse de pie para cantar ciertas cosas tenía totalmente otro sentido.

Com més anem, menys valem...

 

 

 

 

 

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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