Repudio

Repudio

Publicado por el mar 24, 2015

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Leo en los medios de comunicación lo de Tania Sánchez y Pablo Iglesias. Que han comunicado a las redes que lo dejaban. Yo que no he sido nunca una fan de Podemos (sí confieso cierta debilidad por Tania Sánchez…), me quedo leyendo y pensando. Mal, como este blog indica.

Recuerdo perfectamente cuando empezaron a aflorar las primeras filtraciones (procedentes del seno de Izquierda Unida, faltaría más) sobre posibles corruptelas y picardiotas de Tania Sánchez y de su familia. Alguien me dijo en el acto: “Esto es el principio del fin de Pablo Iglesias”.

Mucho se ha hablado y se ha escrito desde entonces sobre la pareja Iglesias-Sánchez. Según el día, si mencionabas el vínculo eras machista, no importa con cuántos cromosomas. Según el otro día, Tania Sánchez no vacilaba en encaramarse a unos stilettos dignos de Carrie Bradshaw en Sex and the City para alardear de tipo y de novio en las alturas del papel cuché. Había días que todo el mundo, toda la pomada, te rugían al oído que estos dos ya no estaban juntos, que él andaba con otra, etc. Luego todo eso se desmentía y vuelta a empezar.

Yo personalmente nunca me he sentido cómoda metiéndome en la vida privada de nadie. Entiendo que da morbo y que muchas personas creen que conocer intimidades de alguien ayuda a formar criterio, es decir, a juzgar. Qué inmenso error. Porque lo íntimo muy raramente o nunca se comprende desde fuera. Ni que te lo cuente el mismísimo o la mismísima protagonista de los hechos, cogiéndote de la mano y con lágrimas en los ojos: es todo tan subjetivo, tan personal, tan intransferible, que uno se puede encariñar o no de la vida de los otros, como Mario Vargas Llosa de Madame Bovary. Pero trasladar eso al plano de los seres reales, no digamos si son políticos, deviene sumamente azaroso y peligroso.

Ciertamente no es habitual ver una pareja cuyos dos miembros son políticamente TAN activos…y bajo distintas siglas, encima. Hasta ahora el caso de mayor rivalidad que se conocía era el de Bill y Hillary Clinton, otra que pagó el pato por su relación; curiosamente el electorado jamás le perdonó que perdonara las infidelidades del marido. Pero ni siquiera Hillary Clinton se atrevió a decir jamás que no, punto, no iba a entrar en el Partido Demócrata, punto.

Decía que yo tengo cierta debilidad por Tania Sánchez, contradicciones incluidas, porque sinceramente creo que hace falta cuajo para estar o haber estado en su posición. Además sumando dos y dos, y a veces dos y tres, a mí nadie me acaba de quitar de la cabeza que esto es un repudio, verdadero, falso o aparente, pero repudio, de Pablo Iglesias a ella, más político que personal. Que esta pareja se rompe en plan cortafuegos, para aislar al Líder de posibles salpicaduras indeseadas, si efectivamente se estrecha el cerco de la investigación sobre Tania Sánchez.

A eso se le pueden añadir luego otros incentivos, otros alicientes para la ruptura, real o simulada. Pero tanto el hecho mismo como su escenificación dan qué pensar. ¿Cuántas parejas se despiden llamándose mutuamente el hombre y la mujer “que más admiro”? Yo el hombre al que más admiro, punto, es el hombre al que quiero, punto. No hay otra manera de decirlo.

Volviendo al concepto de repudio, si Pablo Iglesias ha empezado a soltar lastre, y tan íntimo, ¿va a seguir así? ¿Para cuándo va a a repudiar a Juan Carlos Monedero y a alguna otra perla cultivada de su entorno? Que mira que hay males que no los arregla ni el divorcio

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