Que j…es a veces ser espía

Publicado por el ago 17, 2011

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Ser espía parece un oficio de lo más glamuroso, pero a veces las condiciones laborales son un asco. Basta asomarse a la historia de John T. Downey y Richard Fecteau, dos agentes de la CIA capturados en 1952 en China, donde trabajaban con agentes chinos anticomunistas en el marco de la Guerra de Corea. Pasaron veinte años en prisión en ese país.

En Estados Unidos a Downey y a Fecteau se les dio inicialmente por muertos durante casi dos años, hasta que en 1954 la misma China anunció que estaban vivos y que acababa de condenarles a larguísimas penas de cárcel. Para entonces ambos habían sido ya ampliamente interrogados y torturados mientras sus familias recibían cartas de condolencia del gobierno americano.

En un primer momento este trató de hacer creer a Pekín que Downey y Fecteau eran empleados civiles del Ejército, no agentes de la CIA, en parte para evitar mayores males diplomáticos, en parte para ver si colaba y les dejaban libres. Pero esta estrategia encontró una fuerte resistencia en el Pentágono: allí no querían confusiones entre soldados y espías por miedo a que en lo sucesivo todos sus prisioneros de guerra recibieran el peor trato posible. Por lo demás la CIA, organización civil muy orgullosa de ir por libre, no contaba con grandes simpatías entre los hombres de uniforme.

A la central americana de inteligencia no paraban de crecerle los enanos y los problemas con sus dos espías encarcelados en China. Mientras se creía que Downey y Fecteau estaban muertos lógicamente su paga se interrumpió. Ante la evidencia de que estaban vivos se reanudó y además se les aplicaron todos los ascensos y promociones posibles para estirar al máximo sus salarios. Hay que decir que cuando los espías volvieron a casa veinte años después se encontraron con una bonita cantidad en el banco.

Pero durante esos veinte años sus familias no podían tocar el dinero sin desencadenar una tormenta burocrática. Entonces el problema para padres, madres y esposas era cómo lidiar con la pesada carga económica de mandar paquetes de comida y medicinas a las cárceles de China, viajar a ese lejanísimo país cuando les autorizaban una visita, etc. Oficialmente la CIA no podía soltar un dólar para eso.

Entonces lo tuvieron que soltar extraoficialmente. Por ejemplo sacándose de la manga gastos extras de desplazamiento para Downey y Fecteau (después de todo, los agentes estaban “desplazados” en el exterior, ¿no?) que sí podían desgajarse del sueldo principal y servir desde para pagar billetes de avión a China hasta la educación de las hijas de Fecteau. Para optimizar los recursos disponibles la CIA llegó a meter los sueldos de los espías cautivos en fondos de inversión; pero la Hacienda de Estados Unidos les empezó a pedir cuentas y tuvieron que renunciar. Cuando se les agotó la imaginación, simplemente echaron mano de su fondo de reptiles, de su presupuesto secreto. Es triste, pero no había otra manera.

La ordalía de Downey y Fecteau acabó sólo por casualidad, gracias a la inesperada distensión diplomática lograda por el viaje de Nixon a China en 1973. La única parte buena de haber pasado toda su juventud entre rejas fue que volvieron a casa marcados para siempre, pero con sólo cuarenta años y cierta capacidad de rehacer su vida. Downey completó sus estudios de Derecho en Harvard, se hizo juez y se casó con una chino-americana. Fecteau se reincorporó a su alma mater, la Universidad de Boston, y se volvió a casar con su primera esposa y madre de sus dos hijas, quien se había pasado veinte años rezando y porfiando por su liberación. En 1998 fueron ambos condecorados por el entonces director de la CIA, George Tenet. Ahora tienen respectivamente 76 años (Downey) y 80 (Fecteau).

 

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Su caso ha sido como un Guadiana, ora emergiendo ora escondiéndose de la opinión pública. La última reaparición ha sido a raíz de la reciente obtención -vía FOIA request, el mecanismo legal para obtener información reservada en EEUU, invocando la libertad de Información- por la agencia AP de un vídeo interno de la CIA sobre la historia de estos dos espías que jamás había visto la luz. Este vídeo lleva el elocuente nombre de Extraordinary Fidelity (fidelidad extraordinaria).

La CIA ha colgado asimismo en su página web varios documentos  insistiendo en los elementos más favorables a su gestión, por ejemplo las muchas cartas que durante veinte años mandaron a las familias de Downey y Fecteau, y las largas conversaciones telefónicas “pagando siempre la agencia“.

Pues menos mal.

 

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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