Pujol, las memorias y el dinero

Pujol, las memorias y el dinero

Publicado por el Jul 25, 2014

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Corría el año 2003, muy poco antes de que CiU perdiera el poder (que no las elecciones) en Cataluña cuando yo entrevisté a Jordi Pujol para un documental que se emitiría en Antena 3. Era una entrevista lógicamente muy crepuscular, muy de ocaso de los dioses. Recuerdo que hablábamos de qué iba a hacer Pujol en el futuro, a qué pensaba dedicar el tiempo libre. Se me grabó en la memoria, entre otras, esta frase: que no quería escribir sus memorias. Que él creía que no era bueno que un político como él lo hiciera. Y añadió: “Sólo espero no tener que verme obligado a hacerlo, porque, sabe usted, yo no me he dedicado a ganar dinero y mi posición económica no va a ser buena“.

Cuando unos años después, no muchos, empezaron a salir al mercado tomos de las memorias de Pujol me acordé mucho de aquella frase. Yo me había tirado casi una década cubriendo el pujolismo como periodista, viendo muy de cerca a ese personaje lleno de contradicciones y hasta de aristas (para empezar es un machista de tomo y lomo, eso no facilita el trabajo para una mujer), pero al que yo, durante muchos años, respeté más de lo que solía respetar a ningún animal político.

Me parecía más serio, más decente, que otros. Con mayor convicción incluso cuando se equivocaba.

Verle escribir sus memorias después de abominar de ello me persuadió de que era cierta una intuición que yo siempre había tenido sobre él, y que es la que sigue: que aunque más de un miembro de su familia no desmereciera en la cueva de Alí Babá, a él como mucho se le podría culpar de dejadez, de mirar para otro lado, de no quererse enterar de los desmanes de su propia sangre. Retrógrado como podía llegar a ser en el tema del trato entre hombres y mujeres, su correlación de fuerzas con Marta Ferrusola (en la foto, de novios) recordaba por momentos a un matrimonio musulmán: él mandaba en Cataluña y ella mandaba en casa, defendiendo como una leona a sus siete cachorros, a su clan, a los que según ella todo les estaba permitido.

Jordi Pujol jr. es famoso por su afición al lujo, a los coches de carreras y a no sé cuántas horteradas más. Su padre, si acaso, se pasaba por el otro lado. Sensualmente reprimido o distraído, obsesionado por lo suyo, casi ciego a todo lo demás, urgido por tirones de la carne que evidentemente sofocaba, notabas que le daba exactamente lo mismo un hotel de cinco estrellas que la pensión Lolita, un steak tartar primoroso o la más abyecta pizza de la esquina.

Realmente yo creí durante muchos años que él no se enteraba de nada (de lo que se arramblaba en su familia), en parte porque no se quería enterar, en parte porque no le cabía en la cabeza. Es tan difícil no digo ya comprender, simplemente concebir, imaginar, las pasiones que no se comparten.

Y ahora sale con esto de que todo el dineral de su mujer y de sus siete hijos en el extranjero, toda esta Sagrada Familia de irregularidades, procede de una herencia de su difunto padre, Florenci Pujol, que él, Jordi Pujol, jamás regularizó mientras sus hijos eran menores de edad (¿qué pasa con la señora Pujol, también lo era?) y que ahora sí lo han hecho, a toda pastilla y con la cara colorada. Pero que él es el único responsable, por supuesto sin ninguna verdadera mala fe, etc.

¿Me lo creo? ¿No me lo creo?

Si se fían de mi intuición, no le crean. Yo sospecho que esto es una especie de sacrificio político-familiar, algo así como el pelícano que trata de alimentar a sus crías con su propia sangre. Es verdad que incluso a este Pujol medio enloquecido en el nido del cuco, medio Jack Nicholson del independentismo sobrevenido, le queda una semblanza de autoridad moral que puede ser el último bastión de su dinastía y de su régimen.

Pero si nos lo creemos, si nos creemos lo que Pujol dice…Dios mío, ¿qué habría que hacer? ¿Se acuerdan de la macromanifestación pública que se organizó en Cataluña cuando lo de Banca Catalana? ¿Y si les digo que mis padres, catalanes de clase media y de orden, que nunca dieron que hablar, nunca pisaron la calle pancarta en mano, sólo fueron en toda su vida a una manifestación, y era a aquella?

Una vez le oí a Jordi Pujol soltar en un mitin la siguiente frase, que a mí, que era muy jovencita, mucho me estremeció. Decía así: “Sólo hay un pecado que los dioses no perdonan, y es el de apagar el fuego que calienta el corazón de los hombres”.

Pues me temo que hay quien tiene mucho infierno por delante.

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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