Poética gente guapa

Poética gente guapa

Publicado por el Mar 12, 2015

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Asisto por primera vez a la entrega del Premio Internacional de Poesía de la Fundación Loewe. Desde fuera estas cosas siempre producen cierta ¿agitación? Hay algo superficialmente contradictorio y profundamente hermanador (como las famosas bofetadas dulces, los puntapiés de abejas de Cortázar…) en esto de que la poesía se yerga súbitamente a mediodía en medio de tanto lujo como una cobra en medio del mármol.

Mucha gente guapa, de la de verdad y de la otra, en la comida que atestó el Palace, un hotel que es como un sol al que tengo la sensación de llevar toda la vida dando vueltas. Rotación, traslación, transfiguración…ayer camino de los aseos casi me echo a llorar al no ver en su sitio al limpiabotas. Luego vi que había cambiado de ubicación, que no de sitio. Y la luz seguía yendo y viniendo de la gran rotonda como el corazón de la sangre.

Mucha gente y bastante poeta. A Caballero Bonald no le vi pero se siente su aliento calculadamente desesperado cuando anda cerca. Sí vi a Soledad Puértolas yéndose de la poesía a la Academia, y de allí a una recepción en la embajada de Colombia, con el aire de la mejor de las romanas, Octavia, despidiéndose de un Marco Antonio destinado a la ratonera sublime de Alejandría. Yo a vivir, tú a morir, qué será lo mejor, sólo el dios lo sabe. Por cierto, ¿qué dios? Buena pregunta. Paga el gallo y calla.

Recuerdo también a Jorge Edwards convirtiendo en seductor relato súbito uno de los poemas más netamente perturbadores del ganador del certamen, Óscar Hahn. Esclarecido chileno al que se le mueren de pie los relojes y los espejos le comunican con todo lujo de detalles que el Apocalipsis está en marcha.

Es decir, lo que todo el mundo sabe pero nadie piensa. Por si acaso. De todos modos va a acabar llegando en prosa ese día, que en verso ya está llegando, en que los espejos comunicantes (y los menos comunicativos también) abran y vacíen sus tripas y viertan en tierra como Onán, por todo el mundo desparramando el infecundo reflejo de todo el mundo mirándose al espejo, atrapado en una telaraña donde tu imagen no es tú, pero tampoco te suelta. ¿Internet? Vamos hombre. El asesino no fue nunca el mayordomo.

El premio chico, el que la Fundación Loewe otorga a los poetas jóvenes, se lo llevó la colombiana María Gómez Lara, que apareció vestida para consagrar la primavera y comiéndose con unos explosivos ojos de Emily Dickinson criolla al maestro Hahn. Redondeábase así una edición del premio muy latinoamericana, donde realmente no se ponía el sol. Dijo Hahn desde la tribuna que él y Gómez Lara comparten un alto secreto, aunque para nada un amor prohibido, precisó el poeta mayor a la madre de la poeta menor, allí presente. Vaya. Pues qué pena. Habrá que seguir buscando más allá de la quemante página 27 del poemario de Hahn que se ha llevado el premio.

Y estaba la exministra Ángeles González Sinde, tímida como un cristal, y el exconsorte de la infanta Elena Jaime de Marichalar, quien se atravesó en el camino de Fernando Sánchez Dragó y lo cosió a preguntas sobre el nuevo libro de éste, La Canción de Roldán, que no es poesía sino novela de no-ficción, algo que según el caso y las circunstancias podría llegar a calificarse de poética cinética a la manera de Aristóteles: “No corresponde al poeta decir lo que ha sucedido, sino lo que podría suceder, esto es, lo posible según la verosimilitud o la necesidad. En efecto, el historiador y el poeta no se diferencian por decir las cosas en verso o en prosa (…) la diferencia está en que uno dice lo que ha sucedido, y el otro, lo que podría suceder. Por eso también la poesía es más filosófica y elevada que la historia, pues la poesía dice más bien lo general y la historia, lo particular“.

¿Aplicable al caso Roldán, furiosa y a la vez misericordiosamente novelado por Dragó, y acaso también a los crímenes de Kansas novelados por Truman Capote? Mira por donde surgió una discusión, espontáneamente poética también, sobre si Truman Capote de verdad se enamoró de uno de los asesinos de su libro, Perry Smith (a quien besó camino de la horca) o sobre si Capote era sencillamente demasiado mala persona para enamorarse, para purificar su obsesión por nadie. Lorenzo Oliván, ganador del Premio Loewe 2000, sonrió no sé si dando o quitando razón o fugándose por cualquiera de sus puntos. Con los poetas explícitos nunca se sabe.

En resumen, que ayer Madrid era el volcán de maldades y de peligros de siempre, bullía de lo de siempre, pero a la hora de comer en el Palace se abrió un lujoso, muy lujoso, paréntesis de lúcidas posibilidades entrañables. Hasta las malas personas se volvían momentáneamente más buenas. Más trabajadas por sus mejores recuerdos. Menos ajenas a la poesía, esa “pariente pobre de todos los géneros literarios”, subrayó Óscar Hahn, “pero rica en atributos”. Y a veces hasta en asombrosos predicados.

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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