Para que ni Ucrania ni África empiecen en el Ebro

Publicado por el abr 13, 2014

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Tuvo lugar el debate en el Congreso. Las voces de la unión rayaron a gran altura insospechada. Fue entre chocante y emocionante oírle a Mariano Rajoy reivindicar a Cataluña como cosa propia. Más propia de lo que lo es o parece serlo para los que la quieren romper. ¿Cuánto tiempo hace que un gobernante español no dice eso? ¿Por qué ha habido que esperar tanto?

Venimos de décadas de timidez o incluso de anemia política. Cataluña era algo que sistemáticamente se delegaba por no decir que se externalizaba. Que hagan política catalana ellos. Y a otra cosa mariposa.

Se aprecia por fin preocupación. Jurídica en primer lugar: ¿aguantarán los cimientos de la Constitución y del Estado? Y un poco política al fin. ¿Qué hay que hacer para que esta bola de nieve de desafección deje de rodar hacia el odio y el delirio? ¿Cómo devolver el genio de CiU al interior de la lámpara del seny, cómo conseguir que los de ERC aprueben la asignatura de lengua castellana, si es que todavía existe? ¿Qué hacer para que ni Ucrania ni África empiecen en la práctica en el Ebro?

Habría mucho que decir y escribir sobre los inmensos y persistentes errores cometidos. Pero haber cometido un error una, mil, cien mil veces, no te obliga a no dejar de cometerlo jamás. Mientras hay vida y política hay esperanza.

El problema en Cataluña y con Cataluña es en el fondo tan complicado como simple. Es un problema de cambio de guardia y de status quo demasiado postergado. De oxidadas élites roñosas que hay que arrinconar para dejar que corra el aire. Y la ilusión. Y la esperanza de algo nuevo. Hay que dejar de operar y de negociar con los de siempre, que están con el agua, la deslealtad y la corrupción al cuello. Hay que proponerse seriamente ganar las elecciones en Cataluña desde el constitucionalismo. Y, si por lo que sea no se ve capaz de ganarlas uno, hay que perderle el miedo a que las ganen otros que no sean los de siempre. Basta de aferrarse a la patética ilusión de que es CiU o el diluvio. Cataluña no es Marruecos y Artur Mas no ha sido nunca Hassan II ni Mohamed V de Marruecos. Excepto quizás en el intento de hacer chantaje en Madrid pretendiendo presentarse como el último escudo y bastión frente a los integristas.

Los marroquíes por lo menos no mentían en este punto.

 

 

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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