Misa mayor en la Maestranza

Misa mayor en la Maestranza

Publicado por el Apr 6, 2015

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Sevilla, Domingo de Resurrección. El alcalde, Juan Ignacio Zoido Álvarez, me dice que al torero José María Manzanares padre le habría gustado que Manzanares hijo naciese en la enfermería de la Maestranza. “Pero la madre, con buen criterio, prefirió alumbrarle en Alicante”, se sonríe el señor alcalde. Para a continuación ponerse serio y apresurar el ademán: tiene un compromiso precisamente en esa enfermería de la Maestranza a las cinco de la tarde. Se trata de una misa que, me cuenta, es costumbre celebrar allí para todo el personal sanitario que en cualquier momento puede tener que atravesarse para que lo toreado en tierra no suba al cielo demasiado de frente. Sería esta una misa secretamente mayor, muy práctica y muy sentida, a la que algunos gustan de apuntarse aún sin haber vestido jamás bata blanca ni prestado juramento hipocrático. El alcalde de Sevilla entre ellos.

La Semana Santa está llena de detalles así. De pespuntes de realismo mágico. Con sus prodigiosos pasos y misterios debería hacerse como con las corridas de toros de José Tomás, prohibir que jamás se televisen. No es posible retransmitir el fervor. Y sin él nada de lo que ahí sucede se entiende. Hay que ganar el trance y hay que perder el sentido. Comprender por qué saltan las mismas lágrimas de ojos tan distintos. Arañando el duro poso de lo que se cree no creer.

Tan chulos son en Sevilla que el Verbo no es al principio, lo plantan al final. Hay que esperarse hasta el Domingo de Resurrección para oír (y otras cosas, porque a veces el Verbo es de ver y tocar) el Pregón Taurino de la Real Maestranza, que llegaba este año a su XXIII edición a través de un abrumador túnel de talento (que si Mario Vargas Llosa, que si Carlos Fuentes, que si Fernando Savater) que se hizo luz en la garganta de Fernando Sánchez Dragó y de su presentador de lujo, el querido Ignacio Camacho. Un ingenuo ausente de los toros (que no antitaurino) recurriendo al fino borbotón de su prosa bastante más lúcida de lo que en general el periodismo permite, para abrir paso a un minotauro de las letras acostumbrado a llevarse por delante todo lo que le echen y que esta vez en cambio hasta se persignó.

Fue un pregón prodigioso. Por la fiesta en sí de la palabra y por la vida que entraba y salía a raudales. Hay quien se empeña en hacer ver que los toros, las vírgenes, el azahar en marcha, la Ilíada, etc, son residuos de una antigüedad y de un espíritu por barrer (¿han visto que hasta los chamanes de Podemos se atreven ahora a tratar de predecir políticamente la espiritualidad?) y hay quien se limita a abrir la boca y el alma para atestiguar que vida digna de ser vivida sólo hay una. La misma que es digna de ser contada.

Por la tarde Espartaco se cortó la coleta y salió a hombros por la Puerta del Príncipe. No consintieron que descabalgara (de los hombros y del amor del pueblo) hasta su mismo hotel.

Y además Sevilla hervía de claveles y se brindaba por el Rey.

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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