Luis Racionero, nostalgia de otro verano, de otra España, de otra cosa

Luis Racionero, nostalgia de otro verano, de otra España, de otra cosa

Publicado por el Nov 29, 2014

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La vida y el periodismo son complicados. Ocurre a veces que haces una entrevista que por lo que sea queda dando vueltas en la estratosfera, prisionera de la “nube” de lo virtual. Cuando en realidad una entrevista no publicada es como una lengua o un mundo que desaparece.

Para evitarlo déjenme recobrar aquí y ahora, en plena cuenta atrás del invierno, una entrevista de verano que le hice al escritor Luis Racionero. Dejen que un soplo de brisa fresca, de sal, de elegancia (y hasta unas gotitas de Negroni y de cachondeo) emerjan con la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue.

Piensen que a lo mejor la España exquisita se va a acabar pronto..disfrútenla mientras aún existe.

LUIS RACIONERO: “Pensé en quedarme en Berkeley para siempre, pero la comida y las mujeres me gustaban más en España

Se puede ser elitista hasta en verano. ¿Cómo? Veamos. Luis Racionero amanece hacia las nueve. Desayuna un café con una gota estricta de leche. Tras el desayuno, lectura. Lee de todo, con exquisitez inquisitiva, pero con debilidad por los autores anglosajones, que por algo su estructura mental se fraguó en Berkeley.

Yo me he educado allí, sin la claridad mental de los americanos no sería nada, me habría quedado en ser un oscuro, confuso cuentista, como la mayoría de los que escriben aquí”, admite y zanja, todo en uno. Echa mucho de menos Berkeley: “a punto estuve de quedarme allí para siempre, al final no, uno se sienta a reflexionar y, aparte de factores como la familia, pesaron la comida y las mujeres, que me gustaban más en España”. Magnífica reflexión…lástima que la fastidie en el último minuto: “podría estropearlo diciendo que las mujeres en España ya no son lo que eran…con excepciones, claro, todavía quedan algunas que llevan minifalda, lo cual es muy de agradecer”. ¿Oído?

A eso de las once Luis Racionero se encamina majestuosamente hacia la playa, que este año está en Ibiza: “si pudiera me bañaría siempre en pelotas, aunque las más de las veces tiene que ser en bañador, más cuando estás rodeado de turistas y de nativos; allá donde fueres, haz lo que vieres”. Entre ver y hacer ya les da la hora de la comida, a él y a su amigo Jorge Montojo, escritor y compañero de fatigas veraniegas. Entre los dos dan cuenta de un buen arroz o un buen pescado regado con un buen chablis. Y ya de cabeza para casa, a echar la siesta. Después se lee otro poquito, “fresquitos y tranquilos en el jardín”. Salen a cenar fuera pero no muy tarde “y nada de discoteca”.

Al hilo de este último comentario hablamos del tema de Magaluf y derivados. Nuestro hombre tiene un nombre muy concreto para estas cosas: “degeneración”. “Es un simple reflejo de la decadencia de Occidente”, sentencia. A la vez nos informa de que, si de él depende, no daría ni un paso para prohibir estas prácticas que han llegado al extremo de intercambiar copas por felaciones. “Ah, no, que se las apañen, que cada cual haga lo que quiera, si a una chica le gusta hacer eso, para qué las vamos a privar, pobrecitas”, reflexiona, socarrón.

Insiste en que la decadencia occidental se refleja cotidianamente en todo, empezando por “unos canales de televisión infectos donde triunfan unos personajes horribles”. Cualquiera le contradice. Y en cambio el pesimismo aprieta pero no ahoga: “la cultura elitista sigue ahí, no ha desaparecido, todavía es posible disfrutar de una buena ópera, ir al teatro, leer un buen libro…es la cultura de masas la que ha degenerado”. Lo que ha cambiado, razonamos al alimón, es que antes la cultura elitista era un ideal, algo a lo que el más zafio aspiraba, así supiese que iba a ser sobrepasado por el esfuerzo, mientras que ahora muchos optan con orgullo por el “achabacanamiento”. Entonces lo elitista deviene…¿excitantemente clandestino?

Vamos a ahogar las penas en élite. El aperitivo favorito de Luis Racionero es el Negroni. Y el champán, Cristal, “aunque si no puedo, me conformo con un Bollinger”. ¡Qué buen conformar! Otro detalle de esmero es que Luis Racionero en verano no se “deja”, sigue vistiendo con acendrada elegancia sutil. Obviamente halagado porque nos demos cuenta, lo disfraza de sentido común: “llevo sombrero para que el sol no me tueste, y prefiero las camisas de hilo porque son más frescas y mucho más agradables que las de nilón”. Lo mismo para los pantalones, también de hilo, y para las zapatillas, “las espardenyes de cuerda, tan bonitas, tan elegantes y tan baratas”. Pues sí.

De las espardenyes para los pies pasamos a comentar la política que se practica hoy en Cataluña. Racionero se pone al pairo. Bastante menos pereza que hablar de la famosa consulta le da criticar a los que todavía creen en el amor de pareja, concepto machacado a fondo por él, de viva voz siempre que puede, y además en un libro don de relata su supervivencia a seis historias amorosas. Está pétreamente convencido de que el amor jamás dura más de tres años, transcurridos los cuales puede pasar de todo…a Racionero por lo menos. Conclusión: “Yo todavía me puedo enamorar, pero de vacaciones, me voy siempre con un amigo”. Hombre precavido…

 

 

 

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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