¿Llegó un Obama catalán?

¿Llegó un Obama catalán?

Publicado por el Oct 26, 2013

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Una que es catalana doliente y lacerante, por no decir en llaga viva, pensó y hasta escribió hace tiempo: nos hace falta un Obama en Cataluña. Alguien capaz de suturar heridas y fracturas de una sociedad cada vez más de Frankenstein. Que conste que yo nunca he sido una babeante fan del actual presidente de Estados Unidos. Pero sí le reconocí en su día una capacidad de borrar amarguras y desuniones, de romper pesimismos y de prender entusiasmos, que aunque su presidencia finalmente haya quedado en casi nada (¡os lo dije!) le daba un añadido valor emocional, casi más aún que político.

Me viene aquella reflexión a la cabeza cuando me veo en el Teatro Goya de Madrid, asistiendo atónita a la fabulosa presentación del Movimiento Ciudadano de Albert Rivera. Empezó como quien no quiere la cosa y su sencillo pero vibrante Manifiesto ya ha cosechado 30.000 firmas y un teatro lleno a reventar (y eso que estaba al otro lado del Manzanares…), con muchísima gente protestando a pleno pulmón por tener que quedarse fuera. Toman la palabra en el escenario el periodista y escritor Juan Carlos Girauta, la concejala ecologista de Urbanismo del Ayuntamiento de Altea Carolina Punset y el exministro socialista Antoni Asunción. Y Albert Rivera, claro.

Los cuatro arrancan aplauso tras aplauso del abultado respetable. Y lo más alucinante es que lo arrancan a base de decir…lo obvio. Que si la ética, que si la separación de poderes, que si las listas abiertas. Que si la igualdad de oportunidades en la educación no puede comportar la renuncia a la excelencia. Que si la ley de financiación de partidos. Que si hay que acabar de una maldita vez con las dos Españas. Rivera hasta se atreve con la famosa frase de Kennedy de, no pienses qué puede hacer tu país por ti, sino en qué puedes hacer tú por tu país (hay que tener bemoles para soltar eso ahora). Y, no contento con su audacia, se apunta a hacer cumplir no sólo la Constitución española sino la americana…concretamente la parte que dice que uno tiene derecho a buscar la felicidad de la gente con la política. Toma ya.

Le aplaudimos todos hasta rompernos las manos, y hasta hay a quien se le escapa una lagrimita. Hacía tanto, pero tanto tiempo, que nadie nos hablaba así. Que nadie nos tocaba la fibra. El corazón sediento de una épica no basada en ir contra nada ni contra nadie, no en la exaltación del eterno y desesperante conflicto, sino en la gran aventura transversal de ir todos juntos a por algo. De la ambición de soñar con el cielo en la tierra aquí y ahora. “Por las buenas…¡o por las urnas!”, amenaza Rivera a los partidos políticos de toda la vida. O PP, PSOE, etc, toman nota de todas y cada una de las reformas que Movimiento Ciudadano propone, o Movimiento Ciudadano devendrá partido político y les disputará la arena del circo y los votos, advierte.

Eso es tanto como decir que en un futuro no muy lejano Rivera, que según las últimas encuestas ya va camino de encabezar la tercera fuerza en Cataluña, por delante del PSC, se presentará a las elecciones nacionales. ¿Como cabeza de lista por Madrid? Ya veremos. Da un poco la impresión de que a él mismo le cuesta cabalgar el tremendo toro que se le ha soltado entre las piernas. La inmensa expectativa que su insultante juventud y frescura política pueden llegar a desatar.

Vamos, que lo que empezó como una ensoñación de revulsivo en Cataluña amenaza, o mejor dicho, promete, darle una buena sacudida a todo lo español. Un fantástico ventarrón de salud y de reforma. Una tercera vía sin pecados originales ni vicios ni antipatías de origen como los que lastran la figura y la proyección de Rosa Díez. Un rejuvenecimiento de las opciones de voz y de voto. Una luz en la oscuridad.

Da gusto pensar en la posible paradoja de que del fondo de la Cataluña ahora mismo tan cejijunta y tan enfadada con España (es decir, consigo misma) pueda salir una voz tan cargada de ilusión y de regeneración nacional general. En resumen, inmensamente asqueados como todos y cada uno estábamos, resulta que todavía no nos había devorado del todo la amargura. Todavía podíamos y queríamos ser presa de la esperanza. Yes, We Can. Muévete.

¿Y si fuera verdad que Albert Rivera es un Obama catalán…y español? Ojo que la comparación puede ser odiosa. Nunca es bueno pasarse de mesiánicos ni depositar demasiadas esperanzas en el poder de arreglar el mundo de un solo hombre. Pero bendito sea el solo hombre que consigue cambiar las ruedas pinchadas de la confianza y arrancar el coche otra vez. En un país donde los bancos no dan crédito a la gente y la gente no da crédito a los políticos, ha aparecido de repente alguien a quien miles de corazones sí le fían. Y a cambio de nada, de momento.

¿Qué líder que se precie no le tendrá envidia y no tomará nota?

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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