La enfermera a palos

La enfermera a palos

Publicado por el Jan 17, 2015

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Hubo un tiempo en que Teresa Romero era intocable. Me recuerdo a mí misma en una importante tertulia de radio (El Gabinete de Julia Otero, en Onda Cero) donde, está mal que yo lo diga, no suele concurrir gente poco inteligente. A mí me dio por advertir contra el peligro de transformar la compasión en patente de corso. De empezar a tratar a la enfermera infectada por el Ebola como si fuese una especie de Anna Frank…. Ser la víctima de algo no te convierte en mejor, o no siempre. Para muestra el botón que hemos visto ahora.

Yo que firmé una petición de change.org contra el sacrificio del perro Excalibur, que me parecía un miserable atajo administrativo, una innecesariamente dolorosa vuelta de tuerca al absurdo fundamental de toda esta situación, de repente pensé y dije por la radio: yo no me creo, no me parece razonable ni de sentido común que si Teresa Romero le comunicó a la doctora de cabecera del centro de salud al que acudió que había estado en contacto con un paciente de Ébola, esta ni se inmutara. Que no le hiciera ni caso.

¡Aunque sólo fuese por sano egoísmo, por elemental paranoia, por cierto interés en la seguridad personal! ¿Qué haría usted, querido lector, si viene alguien a visitarse a su consulta y le cuenta esta historia? ¿Se pondría al pairo o entraría en pánico, como poco?

En resumen, que o miente la doctora, o miente Teresa.

Bueno, fue decir esto y echárseme todo el mundo encima. Que si no había que criminalizar a Teresa Romero, que si ya bastante llevaba sufrido esta mujer, que si por favor no le hiciéramos el juego al consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid (¡). Y yo que seguía pensando: por supuesto, Teresa ha estado a las puertas de la muerte, y eso es tremendo. Pero yo sigo sin creerme ciertas partes incongruentes de su historia.

¿Puedo vaciar mi pecho? ¿Puedo decir de verdad lo que pienso? Pues ahí va: desde el primer minuto incubé la triste, muy triste sospecha, de que Teresa Romero no estaba a la altura de su propia tragedia. Las calamidades también sobrevienen a la gente sencilla o menos que sencilla. Lo peor sucede a veces a la gente más cutre.

¿Se acuerdan de Neira, héroe por un día al interponerse entre una mujer agredida y su agresor?¿Cómo acabó? Pasa a veces –y es bien triste- que los focos de la Historia (o de la noticia por lo menos) se vuelcan dramáticamente sobre alguien. Y pasado un ratito de exageradísimo resplandor sale a relucir lo que sale a relucir.

Ahora se ha visto que Teresa, nuestra Teresa del Ébola, nuestra enfermera enferma cuya curación nos llenó de júbilo y hasta nos permitió sacar pecho y presumir de una Sanidad pública que, ay, mucho me temo que tampoco está para enseñar a las visitas…bueno, pues que Teresa era humana, muy humana. Y que en algunas cosas no nos dijo toda la verdad.

Vamos a dejarlo así.

No se trata de hacer leña del árbol caído. Sí acaso de tomar nota de la elegancia de la profesional de la Sanidad (la Sanidad quizás la tenemos quebrada, pero sus profesionales resisten con admirable entrega y entereza, como la tripulación del Titanic…) que ha obligado a Teresa a retractarse públicamente de la barbaridad que dijo pero ha renunciado a sacar dinero de esta situación. En cierto modo, debe haber pensado la doctora, en el pecado va la penitencia: fama tenías para mentir, fama ten para decir la verdad.

¿Imitamos a esta gran dama de doctora y pasamos página? Of course, por el bien de todos. Pero démonos cuenta, por favor, de lo que de verdad ha ocurrido, extraigamos alguna lección.

Ojo que la debilidad humana puede no tener fin.

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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