La CIA somos todos (hasta que nos pillan)

La CIA somos todos (hasta que nos pillan)

Publicado por el nov 4, 2013

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¿Sabía usted que entre los documentos clasificados que el gobierno norteamericano guarda en cámaras de alto seguridad figura una reproducción del testamento de Isabel la Católica, concretamente de la parte donde se asegura que España nunca renunciará a Gibraltar? ¿O que en los años 40 la CIA, que entonces todavía no se llamaba así sino OSS –Office of Strategic Services, aunque sus rivales del FBI prefirieran pensar que las siglas significaban Oh So Stupid-, entró ilegalmente en la embajada española en Washington y violó los códigos secretos para asegurarse de que Franco no entorpecería la ofensiva aliada en el Norte de África? ¿O que más o menos al mismo tiempo los servicios secretos británicos abandonaron en aguas de Gibraltar el cadáver de un indigente disfrazado de mayor inglés, con un maletín de documentos atado a la muñeca, confiando en que a los españoles les faltaría tiempo para fisgar el contenido del maletín y pasárselo a sus amigos los alemanes, y así fue Hitler engañado una vez más sobre dónde y cuándo iban a desembarcar en realidad sus enemigos? ¿O que en los años 50 la CIA y los servicios secretos españoles tenían en la calle Orense un operativo conjunto para interrogar a exprisioneros del gulag soviético? ¿O que España aún no había reconocido al Estado de Israel pero el Mossad ya colaboraba decisivamente en la formación de un todavía incipiente espionaje español? Etc.

Quién quiera saber más, que se compre mi libro “De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak” (Destino, 2011), que, empezando por el título –aviso, muy irónico- pega un repaso a casi setenta años de actuaciones en nuestro país de los espías made in USA. De lo que hicieron y lo que no hicieron aunque a mucha gente le encante estar convencida de que sí que lo hicieron, dónde va a parar. ¿Qué podría tener mejor que hacer la Casa Blanca que dar golpes de Estado en España?

El mundo del espionaje está muy mitificado por el cine y por la propia imaginación calenturienta de cada cual. Cuando no hay más que leer a LeCarré para darse cuenta de cuán desesperadamente frustrante y gris puede llegar a ser la vida de un espía. Y sobre todo, cuán contradictoria.

Si algo me quedó claro al investigar para aquel libro, que me hizo investigar mucho, fue que en todos los países del mundo la actividad de los servicios secretos es algo tan indefendible como inevitable. Simplemente no hay otra manera de hacer ciertas cosas. No es que en ese ámbito no exista la ética. Pero tiene una aplicación práctica más complicada. No hay blancos y negros, no hay buenos y malos, no hay amigos y enemigos, no hay nada seguro. ¿Qué pasa si por respetar la intimidad de alguien no se detecta a tiempo una amenaza para esa persona y para todo aquello que de esa persona depende, si hablamos de grandes dignatarios? ¿Qué pasa si por no tener información de qué planea fulano o mengano, se perjudican objetiva y gravemente los intereses económicos de nuestro país?

Y lo más peliagudo del asunto: ¿alguien se cree que los americanos venían aquí, espiaban a todos los demás, y todos los demás no se enteraban porque estaban en misa o en Babia? Una cosa es que los espías de Estados Unidos tiendan a ser más torpes o más chivatos, como ese tal Snowden, y que pueda llegar a dar la impresión de que los Watergate, los Papeles del Pentágono, etc, no suceden en ningún otro país. Claro que suceden. Todo el tiempo. Lo que pasa es que a los otros no les pillan tanto. O si les pillan les cuelgan directamente de la grúa más alta, y se acabó el problema.

Claro que Rajoy va a pedir explicaciones del espionaje. ¿Qué otra cosa puede hacer? Pero todo el mundo que conoce el paño sabe que la CIA ha campado durante muchos años por sus respetos en España y en toda Europa…y que no siempre los espiados o hasta tutelados por ella lo han visto mal. Todo el mundo sabía que la NSA tenía la capacidad técnica de literalmente intervenir las comunicaciones de todo el planeta. Y todo el planeta colaboró, cambió cromos y se aprovechó. A Aznar le sirvió para localizar etarras. Al otro para quitarse de encima tal o cual problema. Cuando España dejó de ser un bastión anticomunista para EEUU se convirtió en una nueva zona estratégica en la vigilancia del terrorismo islámico, y hasta Zapatero trató de sacar tajada de ello, ofreciéndoles el oro y el moro y permitiendo a los vuelos secretos de la CIA (esos mismos en que a veces desaparece gente) tomar tierra en nuestro país mientras su antiamericanísimo gobierno miraba para otro lado. Etc.

En resumen, que lo de indignarse por estas cosas no está mal. Ni bien. Simplemente perpetúa la brecha entre la realidad y la ficción, entre lo que dice que es y lo que es de verdad, entre lo que los gobiernos pretenden hacer y lo que hacen en realidad. Obama llegó a la Casa Blanca prometiendo más transparencia y animando a todas las agencias secretas a facilitar muchos más datos al público de los que se habían facilitado hasta entonces. Yo misma me beneficié de una nueva actitud por parte del FBI, el Departamento de Estado, etc. De la CIA he de decir que no, que fueron y son lo que siempre han sido: un hueso.

Bueno, seguramente a estas alturas, cuando a Obama poco le falta para mandar un drone a liquidar a Snowden, los de la CIA se frotan las manos y piensan que la razón la tenían ellos y no el gilipollas de su presidente…

Siempre nos quedará LeCarré.

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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