Kennedy abroncó a la CIA por no enterarse de que el Muro de Berlín se les venía encima

Publicado por el Aug 13, 2011

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Hace cincuenta años Berlín se acostó de una pieza y se despertó rota, como con especial emoción nos recuerda este escrito de Ramiro Villapadierna. El impacto fue mayúsculo no sólo en Alemania y no sólo en Europa. En Estados Unidos se quedaron atónitos. Nadie había previsto lo que iba a ocurrir, y menos que nadie, la CIA. Cuando el presidente Kennedy recibió las noticias a la una de la tarde (americana) del 13 de agosto en su residencia de descanso en Hyannis Port, en Cape Cod, montó en cólera y exigió explicaciones a sus servicios de inteligencia, a los que puso bajo observación y en cuarentena.

La CIA llevaba días informando al presidente de la escalada de la crisis de refugiados en Alemania del Este, que diariamente se pasaban por miles al Oeste, y de cómo las autoridades comunistas llegaban al extremo de sacar por la fuerza a todos los hombres adultos de los trenes con destino occidental. En sus informes preveían varias “medidas extremas” que Berlín Este podía adoptar, pero a nadie se le ocurrió el sellado definitivo de las fronteras y la erección del Muro.

La CIA mantiene guardados bajo siete llaves de top secret muchos de sus informes a Kennedy en esos días. Varios expertos opinan que el secretismo sobre ese tema cincuenta años después no se justifica por ningún motivo razonable de seguridad, y que la razón no es otra que ocultar la incompetencia de la central norteamericana de inteligencia. El National Security Archive de la George Washington University ha “celebrado” los cincuenta años del Muro colgando en su web varios documentos secretos sobre este tema desclasificados con mucho esfuerzo. Quedan pendientes de desclasificación muchos más.

Por el momento se sabe que a Kennedy el Muro de Berlín le pilló con el pie cambiado y con la CIA a por uvas. Aunque también hay que decir que en la Casa Blanca les costó poco recuperarse del susto. Las nuevas revelaciones documentales prueban también el llamativo contraste entre dicho y hecho del entonces secretario de Estado, Dean Rusk, que si por un lado protestó enérgicamente por los sucesos de Berlín, calificándolos de flagrante violación de la libertad y de los acuerdos entre las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, por el otro no dejó de hacer constar, asimismo por escrito, que el Muro en sí no comprometía ninguna cuestión vital para EEUU. Es más: podía ser hasta una ventaja que los refugiados de Berlín Este se quedaran en su casa en lugar de afluir en masa a Berlín Oeste y desestabilizarla, siempre según Rusk. Según la realidad fue más bien otra cosa, claro.

Para que no se nos olvide nos despedimos con una foto de Kennedy el 26 de junio de 1963, cuando pronunció su famoso discurso Ich bin ein Berliner. Seguro que en aquel momento se acordaba de la madre de Rusk. Y de la del director de la CIA.

 

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