Garbo, de Normandía a Nueva York

Publicado por el nov 18, 2011

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Se ha estrenado este viernes 18 de noviembre en Nueva York “Garbo: The Spy“, el aclamado documental de Edmon Roch sobre la vida de Juan Pujol Garbo, el espía catalán que resultó clave para engañar a Hitler y hacerle creer que los aliados desembarcarían por Calais y no por Normandía. La película es de 2009 y llega a los cines de Estados Unidos -después de Nueva York viajará a Los Angeles, Chicago, Portland (Oregón) y Boca Ratón (Florida)- en 2011. ¿Un éxito con pocos precedentes, pues en EEUU no se distribuye el cine español que quiere, o ya les vale tardar dos años en asomar la cabeza a una historia que es tanto o más la suya que la nuestra?

Lo mejor de que Edmon Roch haya hecho un documental y no una película sobre Garbo (aunque tiene ofertas para dar el paso) es que nos ofrece un punto de vista bastante inédito sobre los espías, por lo menos en la gran pantalla. Existe literatura oscura sobre este oficio, pero el cine suele incidir en la adrenalina y en el glamour, poniendo poco énfasis en el lado sórdido y hasta patológico del oficio.

Un espía no es ni puede ser una persona normal. Menos si, como en el caso de Garbo, carece de la más elemental formación militar o de inteligencia y se ha hecho autónomo y autodidacta, viendo películas de Mata-Hari protagonizadas por Greta Garbo (de ahí su alias). Pero sus excentricidades no empiezan ni acaban ahí. Tenemos un héroe de guerra del lado “bueno” que habrá quien considere que empezó en el lado “malo”, ya que en la guerra civil rechazó con horror el bando republicano y no paró hasta conseguir unirse a Franco. Sus biógrafos más políticamente correctos insisten en el trauma que padeció con la Setmana Tràgica de Barcelona para “justificarle”. ¿Pero de verdad hace falta una justificación?

Que alguien que había estado contra los “rojos” en la guerra civil española estuviera a favor de los aliados en la Segunda Guerra Mundial puede romperles los esquemas y alguna neurona a muchos, pero no es sino un indicio de la sensibilidad y la complejidad de una época que tendemos a leer muy edulcorada y simplificada en los grandes hits de la memoria histórica. Además en los motivos y en la peripecia de Garbo, tanto o más (bastante más) que la ideología parecen pesar la idiosincrasia personal, la pasión por la simulación y un apetito incorregible de aventura. Era un héroe, pero también un histrión a quien un mundo patas arriba deparó oportunidades únicas de vivir la vida peligrosamente, como él la entendía.

No es extraño que personalidades que en tiempo de paz acaban fácilmente en la cárcel o por lo menos teniendo muchos problemas de adaptación a l sociedad (Garbo se arruinó después de la guerra) resulten providenciales en tiempos de convulsión. Pasa con Garbo como con Oskar Schindler, el vividor alemán que acabó salvando judíos en masa, y también con otro colega y compatriota de Garbo, Juan Ribas Lipstick, otro catalán tirando a bala perdida y lanzado románticamente a espiar para los aliados. Sin alcanzar un protagonismo tan notable como el de Garbo, los conocedores del tema no dejan de apreciar su biografía comparablemente contradictoria y colorista.

Otro punto de contacto entre Garbo y Lipstick es que ninguno de los dos puso jamás que se sepa un pie en EEUU después de la guerra. Garbo se organizó la vida en el Caribe venezolano. Lipstick pidió una y mil veces el visado para entrar en territorio norteamericano y una y dos mil veces se le denegó. No le dejaron entrar nunca.

¿Y eso? Bueno, hay quien cree que Roma no paga leales, y hay quien apunta que a estos espectaculares agentes dobles ibéricos les hundió, a los ojos de Washington, haber estado a las órdenes de Kim Philby. Sí, del supremo mandarín de la inteligencia inglesa, responsable en su día precisamente de España, Portugal y Norte de África, y que acabaría pasándose con armas y bagajes a Moscú después de espiar para ellos prácticamente desde la universidad. Su defección fue una debacle para todos los servicios secretos anglosajones. Simplemente cualquiera que hubiese trabajado con Philby podía ser sospechoso, más siendo extranjero, no digamos de un país tan desconcertante, para EEUU, como es y siempre ha sido España.

Resumiendo, que este estreno de Garbo: The Spy en Nueva York y otras ciudades norteamericanas, aparte de ser un merecido éxito para sus autores, tiene algo de reparación de una larga indiferencia histórica on mucho de injusticia. Los espías pródigos vuelven, no exactamente a casa, pero sí al centro del mundo libre que tanto les debe. Así sea a veces medio por inconsciencia y otro medio quizás por chiripa.

 

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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