¿En qué se parecen el caso JFK y el caso DSK?

Publicado por el Nov 30, 2011

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Lo último del caso DSK es una apasionante reconstrucción de los hechos que precedieron a la detención de Dominique Strauss-Kahn el 14 de mayo de 2011 en el Sofitel de Nueva York. De acuerdo con esta reconstrucción gana fuerza la teoría de que Strauss-Kahn pudo ser víctima de una conspiración para hundir su carrera hacia la presidencia francesa, probablemente urdida por cerebros de la inteligencia francesa próximos a Nicolas Sarkozy. Publica el tema la prestigiosa The New York Review of Books y no lo firma cualquiera sino Edward Jay Epstein, periodista y escritor muy famoso en Estados Unidos. Lleva cuarenta años escribiendo sobre temas de inteligencia “con inusual claridad”, nos asegura personalmente Tim Weiner, autor de una trepidante historia de la CIA (“Legado de cenizas”, Debate, 2008) y de una historia del FBI que aparece dentro de siete semanas en EEUU.

Centrándonos en Edward Jay Epstein, este es famoso por haber dedicado su tesis doctoral al estudio más que crítico de la comisión Warren, creada por el presidente Lyndon B. Johnson para investigar la muerte de John Fitzgerald Kennedy. Esta comisión concluyó que Lee Harvey Oswald era el único asesino de Kennedy, y que también actuó en solitario Jack Ruby, el hampón que liquidó a Oswald antes de que este ni siquiera pudiera llegado a ser juzgado. Fin (decepcionante, es verdad) de la historia.

Epstein lleva años denunciando la clamorosa falta de evidencias concluyentes sobre el asesinato de JFK. Lo cual, y atención al dato, no le convierte en partidario de todas las teorías de la conspiración que han ido apareciendo. En 1992 y 1993 publicó artículos muy completos y muy críticos contra Jim Garrison, el fiscal de distrito en Nueva Orleans que no sólo cuestionó de arriba abajo los trabajos de la comisión Warren sino que se atrevió a procesar a Clay Shaw, supuesto implicado en una vasta trama para acabar con Kennedy que involucraría a la Casa Blanca, la CIA y el Pentágono. El tribunal acabó exculpando a Shaw y Garrison hizo el ridículo, lo cual no impidió que con los años Oliver Stone le dedicara una película entera, la célebre JFK, con Kevin Costner en el papel de Garrison.

 

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Epstein se ha despachado varias veces a gusto contra esa película, que a su modo de ver abunda en la peligrosa tendencia a mixtificar lo que no se sabe y a rellenar el hueco con lo que uno se figura. Si algo caracteriza y define todas las teorías de la conspiración que recurrentemente aparecen en el mundo es su odio feroz a los cabos sueltos. Su obsesión porque todo cuadre mucho más de lo que acostumbra en la vida real. A día de hoy un número creciente de investigadores cree que los desastres y opacidades de la comisión Warren se debieron no tanto al interés para tapar un complot contra Kennedy, como de encubrir los tremendos fallos de la CIA que impidieron detectar a tiempo la amenaza de Oswald. Habría una conspiración para proteger a una panda de incompetentes, no de asesinos.

 

Resumiendo, que el hombre que está investigando los hechos oscuros que desembocaron en la detención de DSK en Nueva York es un estudioso de las conspiraciones, pero no un maníaco de estas. Epstein tiene un prestigio. Su historia debe ser tomada y analizada en serio. Conviene buscar respuestas a los interrogantes que plantea.

Aparte de llamar de nuevo la atención sobre el interesante dato de que la camarera del Sofitel Nafissatou Diallo acusa a Dominique Strauss-Kahn de haber tratado de violarla analmente y vaginalmente para acabar forzándola a hacerle una felación en el tiempo récord de seis minutos (¿DSK a los Juegos Olímpicos o al Cirque du Soleil?), Epstein se centra en la misteriosa desaparición de la blackberry del exdirector gerente del FMI. Una blackberry que podía estar siendo hackeada al servicio de Sarkozy, según un aviso recibido por Strauss-Kahn la misma mañana de autos y, curiosamente, en la misma blackberry. DSK tenía intención de hacerla analizar por expertos (ese sería el “grave problema” que le comentó por teléfono a su esposa, Anne Sinclair) de no haber desaparecido sin dejar rastro.

El periodista describe la pérdida de la blackberry sin llegar a ninguna conclusión definitiva. Pero tal y como expone los hechos es inevitable que el lector se pregunte si la misma entrada de Diallo en la suite presidencial del Sofitel no persiguió desde el primer momento hacerse con el teléfono. Inquieta el dato de que una segunda persona pudo entrar en la suite mientras DSK estaba en la ducha y que la misma camarera entró antes y después de la supuesta violación en la habitación contigua, ocupada por un hombre de negocios francés al que el Sofitel, tras meses colaborando con la investigación, se niega a identificar alegando cuestiones de privacidad. Y que el hombre ya había dejado la habitación cuando ocurrieron los hechos denunciados, añaden.

 

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Esta es la explicación que han dado a los medios de comunicación. ¿Será también la que han dado a la policía? Y de ser así, ¿la policía se habrá conformado? ¿No habrán insistido y presionado un poco dado el inmenso revuelo originado en torno a este caso, que ya se ha descabezado el FMI, y podría llevarse por delante la carrera del fiscal de Nueva York, Cyrus Vance, y del mismísimo jefe de la todopoderosa policía neoyorquina, Ray Kelly?

 

Fue precisamente en este blog donde hace unos meses nos adelantamos prácticamente en solitario (en la prensa española) a revelar la estrecha relación entre Ray Kelly y Nicolas Sarkozy, que siendo ministro del Interior francés impuso a Kelly la Legión de Honor por su cooperación antiterrorista. Vamos, que haber confianza, la había. Que es perfectamente imaginable que al estallar el escándalo de la detención de DSK hubiera intercambio de información y hasta de cromos.

Por el mismo espíritu escéptico con que hace unos meses nos enfrentábamos a la marea condenatoria de DSK sobre bases un tanto chocantes, nos plantamos ahora ante la tendencia igualmente insensata a dar por hecho que una conspiración contra él (una conspiración política, por lo menos) está demostrada. No lo está. Por supuesto los enemigos de DSK en general y Sarkozy en particular pueden haber sacado tajada de su caída en desgracia, más teniendo contactos en la policía de Nueva York dispuestos a filtrarles hasta el último detalle. Pero de eso a ser los inductores del tema va un paso sensible.

Las cosas no son tan fáciles. Ni tan cuadradas. La camarera puede haber mentido por su cuenta y riesgo, buscando un beneficio económico para ella sola o para una red delictiva que no sobrepase los límites del Bronx. Como es perfectamente posible que Lee Harvey Oswald actuara solo. Repugna a la inteligencia y a la fantasía, de acuerdo, pero vayan a Dallas y comprueben la distancia de la ventana desde la que disparó hacia el punto por el que pasaba el coche descubierto del presidente. Fue un atentado imperdonablemente sencillo. En 1963 un idiota desequilibrado podía matar al presidente de Estados Unidos.

Si la investigación del caso JFK se oscureció para ocultar este dato, para tapar las vergüenzas y las incompetencias de algunos, ¿no pasará un poco lo mismo con la del caso DSK? ¿Está aflorando la oscura verdad o una oscura guerra de poder para salvar la cara de fiscales, policías y otras eminencias humilladas por este asunto? ¿Asistiremos a una revisión del margen de maniobra casi plenipotenciario que la policía neoyorquina obtuvo después del 11-S, y que desde entonces muy pocos han contestado?

Y sin embargo hay una diferencia clave entre el caso JFK y el caso DSK, como muy bien destaca Christopher Dickey en The Daily Beast: y es que, por bueno que sea Edward Jay Epstein, esta vez no necesitamos tanto investigar a los muertos como preguntar a los vivos. Bastaría con que Dominique Strauss-Kahn diera por fin su versión de qué pasó realmente en aquella suite, entrara en ciertos detalles, para poder reconstruir los hechos sin fantasías.

¿Hablará Strauss-Kahn por fin, o habrá que esperar a que Oliver Stone nos inflija otra película?

 

 

 

 

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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