En Barcelona y en España, con un par

En Barcelona y en España, con un par

Publicado por el oct 12, 2013

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Más que mayoría silenciosa, a los que este sábado 12 de octubre salieron a manifestarse en Barcelona por la unidad de catalanes y españoles, de españoles y catalanes (tanto monta, monta tanto…) yo los llamaría mayoría valiente. Mayoría con un par. Servidora que nació en Girona y que es catalana a rabiar y española a mucha honra está hasta y afónica de decirlo: hoy en día tiene más mérito y requiere más coraje gritar que eres español en medio de la plaça Catalunya, que gritar que eres independentista catalán en la Puerta del Sol.

Entre otras cosas porque en Madrid (como en muchos otros sitios de la piel de toro) lógicamente, pasan. Este tema no es su monotema. ¿Que unos cuantos catalanes dicen que se quieren ir? Habrá a quien eso le duela, habrá a quien le enfade, pero, sobre todo, habrá muchos a quien ya canse y aburra. Que ya tengan bastante de esta maldita letanía. Que prefieran obsesionarse con cualquier otra cosa.

Mientras que en la Cataluña de hoy en día, ay…no se puede ni ir al servicio sin encontrarte la estelada en el papel higiénico y una (por ahora simbólica) pistola apuntada a tu cabeza mientras te preguntan: ¿tú eres normal o eres español? Hasta los horóscopos catalanes giran alrededor de la Magna Cuestión Única de si España “nos” roba y de cuánto falta para acabar de una vez con “esto”.

¿Cuánta gente habría este sábado en la manifestación de la unidad? “Miles” de personas, decían la mayoría de los medios sobre el terreno. Vale, pero ¿cuántos miles? ¿Mil o dos mil a secas? ¿Decenas de miles? ¿Centenas de miles? ¿Miles de miles? Si esto no es no querer mojarse, que baje Dios y lo vea.

Para quien no esté familiarizado con el tratamiento periodístico de las manifestaciones y concentraciones ciudadanas: es normal que los organizadores de algo y sus detractores manejen cifras espectacularmente contradictorias. Así se da el caso de que unos pretendan haber movilizado a un millón de gentes mientras los de enfrente dicen, mentira, que eran diez. La Guardia Urbana suele entonces dar una cifra que queda a medio camino de las dos versiones, y aquí paz y después gloria. Es la práctica habitual.

También puede pasar que haya mucha gente de acuerdo en empeñarse en que determinada manifestación tiene que ser un éxito. Ejemplo, la histórica salida a la calle de hace muchos años por el Estatut (el de verdad, el que se hizo de buena fe) o la que tuvo lugar tras el salvaje asesinato por ETA de Miguel Ángel Blanco. En tales casos de unanimidad biempensante casi absoluta es habitual echarle cuento a la cosa. Que si eran 750.000, que si eran un millón. Da igual que sea matemáticamente imposible, que en la calle no quepan. Porque se busca una cifra política, no matemática. Y mientras nadie te la discuta…

Eso es lo que pasó con la famosa mani de la Diada. Allí se empleó a fondo toda la maquinaria del presunto independentismo político y mediático: grandes angulares y otros trucos gráficos para agrandar la impresión de multitud, eufóricos recuentos en la prensa amiga o a sueldo, poco menos que libros conmemorativos, desvergonzadas afirmaciones de haber sido como diez o veinte veces los que en realidad eran, etc. Total, con el actual discurso único catalán, ¿quién iba a tener los bemoles de desmentirles? Sólo las urnas, claro, cuando Artur Mas se pegó el batacazo que se pegó. Y se comprobó que los números siguen sin salir. Que son los que son…y ni uno más.

En este inflamado y distorsionado contexto tienen un mérito enorme esos “miles” que salieron ayer en Barcelona a desmarcarse del discurso oficial, a pasear la corona de espinas de que les llamen traidores a su propia y amada tierra, cuando no rancios, fachas, etc. Esos “miles” seguro que calculados a la baja, como los otros los calculan al alza. ¿Qué piensan hacer los Robespierre independentistas con todos estos catalanes rebeldes? ¿Cortarles la cabeza?

Por cierto, y ya de paso, una sugerencia: ¿qué tal si en lo sucesivo, además o, incluso, en lugar de celebrar el Día de la Hispanidad con un desfile militar y una recepción en el Palacio Real, se buscan maneras más sugestivas y creativas de festejar y promocionar lo español? Qué sé yo, desde maratones de cocina hasta conciertos gratis por todo el territorio nacional, actos bilingües y trilingües, explosiones de fraternidad, complicidad y encanto? ¿Por qué no disparar al corazón antes que a la terca y ofuscada cabeza?

El secreto mejor guardado de España es que podría molar tanto, si la dejaran.

 

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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