El perro

El perro

Publicado por el Oct 10, 2014

Compartir

De todos los debates suscitados en torno a la crisis del Ébola, pocos tan alucinantes como este del perro. Excálibur. ¿Por qué con acento?, me preguntan desde un lejano país. Porque si no lo llevase, le aclaro, lo pronunciarían a la española: Excalibúr…

Lo sacrificaron. Lo llamaron eutanasia. Siempre he odiado los eufemismos. Esto no es eutanasia, hombre. Esto es tirar por el camino de en medio. ¿Que no se puede comparar la vida de un perro con la de un ser humano? Técnicamente, no. Si Excálibur era una amenaza incontrolable, había que sacrificarle.

El problema es que esa decisión se toma desde una credibilidad exactamente cero, o menos que cero, para gestionar esta crisis. ¿Deciden cargarse al perro porque de verdad es lo mejor, o lo menos peor, o al menos lo estrictamente necesario, o porque es lo más fácil? ¿Se trataba de verdad de conjurar riesgos médicos… o políticos?

Se lo advertí a una persona que vive este infierno desde primera línea, a una enfermera de Madrid: en mi trayectoria de periodismo político, que es discretamente larga, he podido comprobar cómo los políticos cometen las peores atrocidades, las canalladas más mayúsculas, para tapar sus equivocaciones.

Dicen que los errores de los cocineros se tapan con salsa, los de los arquitectos con plantas, los de los médicos con tierra…¿y los de los políticos que toman decisiones que les sobrepasan, con qué?

Hay quien de buena fe critica a los que se manifestaron frente a la casa de la enfermera para protestar por el sacrificio del perro, o incluso al marido de la enfermera por lanzar un vídeo a las redes suplicando ayuda para salvar a Excálibur. Hay quien de buena fe acusa a todos los que se han estremecido con la muerte del animal de perder la perspectiva. De quedarse en lo anecdótico y no en lo esencial de esta crisis. Como si hablar del perro implicara hacer el juego a los que no quieren que se hable de cómo, cuándo y por qué se contagió la enfermera.

Habrá quien quiera usar cualquier cosa como cortina de humo, como maniobra de distracción. Pero, ¿de verdad no hay nadie, o nadie más, o más nadie, sensible al agudo, simbólico desamparo de ese hombre encerrado en un hospital, aislado, contemplando impotente como toda su vida se viene abajo, cómo el Estado entra en su casa y liquida a su perro sin apelación posible, a la 1984 de George Orwell? ¿Todo para minimizar su propia miseria, para tapar su propia equivocación?

A la vista de todo lo que se va sabiendo, es evidente que aquí no había medios para traer a los misioneros. Eso es horroroso. Eso es desolador. Porque confirma que nuestro sistema de salud no es lo que nos dicen que es, no es el árbol seguro al que creíamos poder arrimar nuestras esperanzas (además de nuestros impuestos)…y porque confirma también que al parecer nadie se molesta en sentarse a buscar alternativas sólidas, inteligentes. Por ejemplo, llevar a donde los misioneros estaban una unidad de médicos militares especializados en medicina nuclear, biológica, química, etc.

Lo terrible es que parezca que aquí sólo hay dos opciones, o tomar decisiones suicidas de cara a la galería, ignorando todo riesgo, o, cuando ese riesgo nos explota en la cara, salir corriendo hacia el otro extremo, ignorando toda compasión. Que también tiene sus protocolos.

Llámenme malpensada, como el nombre de este blog indica. Yo dudo mucho, pero mucho, mucho, que el sacrificio del perro haya sido una decisión dura pero meditada. Creo que ha sido una huida hacia adelante más. Una nueva improvisación en todo este desdichado asunto.

Primero tiramos al perro por el barranco. ¿Y detrás de él, a quién?

Compartir

ABC.es

Piensa lo peor © DIARIO ABC, S.L. 2014

Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

Etiquetas
Calendario de entradas
julio 2017
M T W T F S S
« Jul    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31