El día que Hermann Tertsch se enfadó (sin razón) conmigo

El día que Hermann Tertsch se enfadó (sin razón) conmigo

Publicado por el Mar 21, 2014

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Estoy en la tertulia de 13 TV, en el programa Más Claro Agua, de Isabel Durán, que tiene el mérito de hilar fino donde otros peinan nudos como elefantes. Comparto mesa con el siempre sutil Víctor Arribas, el siempre socarrón Joaquín Leguina, la siempre relampagueante Elisa Beni y el no pocas veces incendiario Hermann  Tertsch.

Incendiario no significa exactamente lo mismo que dotado de la ardiente paciencia que predicaba Arthur Rimbaud. Lo compruebo cuando este señor que se sentaba a mi lado con aparentemente prometedora cordialidad de repente pierde los estribos porque yo le digo que ha “desbarrado” con una afirmación en mi opinión algo temeraria sobre el maldito tema catalán. Se pone Terstch hecho una hidra, me acusa feroz de insultarle cuando yo simplemente sostengo que se equivoca (en mi opinión, hasta un poquito a sabiendas).

¿Cuántas veces no hemos ido todos por ahí opinando un poco a la ligera, siendo hasta conscientes de que decíamos algo que no era, o que era una simpleza, en el momento mismo de decirlo? Eso creo yo que le pasó a Hermann cuando, hablando del gravísimo problema de corrupción política institucionalizada y sistematizada en Cataluña, va y dice: “para eso quieren la independencia, para juzgarse ellos solos”, en el sentido de que no les pida cuentas nadie más. Según él, toda la movida separatista sería una maniobra para sustraer a los Pujoles, los Mases y los Menos de la garra escrutadora de la Audiencia Nacional.

Inshallah. Ojalá. La realidad, como el mismo Hermann Tertsch tiene claro en cuanto la testosterona amaina, es mucho peor, mucho más cruda. Porque es casi todo lo contrario. Sucede que en Cataluña hay un atasco de corrupción tan antiguo y tan virulento que precisamente muchos de sus protagonistas ya ni se dan cuenta en primer lugar. Y los que sí, los que aún conservan cierta noción de vergüenza, así sea al 3 o al 4 por ciento (hay quien sostiene que el porcentaje exacto es el 22), esperan justamente lo contrario de lo que supone Hermann. Esperan que alguien de España les rescate. Esperan un pacto de Estado para tapar vergüenzas…y meteduras de pata soberanistas.

El día antes de la encendida tertulia en 13 TV, lo que estaba que ardía era el Casino de Madrid con la presentación de un libro de ese señor catalán que pretende cronificar la política española como si fuese un corresponsal extranjero, Enric Juliana. Moderaba Montserrat Domínguez. Pero a quien en realidad todo el mundo quería oír (incluidos dos ministros, un porrón de secretarios de Estado, embajadores varios, diputados mil, Esperanza Aguirre, etc) era al novísimo director de La Vanguardia, Màrius Carol, atentamente apoyado y seguido de cerca desde primera fila por el conde de Godó.

Carol fue exquisito (como es él) e inequívoco: La Vanguardia aspira a recobrar su papel histórico de faro de la centralidad catalana, es decir, que en lo sucesivo los experimentos se harán con Vichy Catalán. En la médula de lo verdaderamente catalán están el pacto y la concordia. Lo demás es ruido. Eso sí, Carol advirtió de que ningún periódico, por central que sea, puede suplir a un gobierno. O los políticos rehacen los puentes, o esto no lo arregla ni el que nació en Navidad.

Esto en on. En off, las fuerzas vivas catalanas claman por un pacto de Estado así sea por debajo del mantel y hasta del calzón, así sea invisible, inaudible, inodoro…una gigantesca maniobra en la oscuridad de la confianza. Un latido común y secreto. Un pacto de sangre sin sangre. Suspiran por un interlocutor capaz de inspirar confianza a la vez a Mariano Rajoy y a Artur Mas. Nos ha folgado. Como no sea un extraterrestre.

Inshallah. Ojalá. Ojalá que si esto llega a cumplirse sea un pacto para salvar lo mejor y lo más limpio de este país, de la ciudadanía. Para preservar lo más verdaderamente sagrado. Que no se resuelva todo en un pacto de preservación del actual status quo. De los corruptos del dinero y de los corruptos de la política. De los que se han tirado Cataluña y España a la cabeza y ahora pretenden que esa barbaridad les salga gratis. Aprobado político. Amnistía general.

Es decir, que la cosa es justo la contraria de la que pretendía el querido Tertsch (está más guapo cuando se enfada). El separatismo no busca jueces a medida para una corrupción a cuyos protagonistas todavía no les entra en la cabeza la eventualidad de ser juzgados. El separatismo busca que España le ría la gracia y le garantice algo así como mil años más de impunidad bajo amenaza de que, si no, todavía podría ser mucho peor. Pero, ¿es eso imaginable? ¿Hay o ha habido nunca algo mucho peor bajo el firmamento?

Ojo con pontificar a la ligera sobre un tema tan terriblemente serio. Están en juego mucha dignidad, mucha limpieza, quizás la última oportunidad de tener fe en el sistema. Alguien tiene que pagar aquí por todo el infinito daño causado. No caben componendas, no cabe hacer como que no ha pasado nada por miedo al futuro. Peor que el presente no va a ser. A poco que nos lo tomemos en serio.

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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