Corazoncito soberano, corazoncito español

Corazoncito soberano, corazoncito español

Publicado por el Feb 25, 2014

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Me entero por Alfonso Armada de que en Opiniones de un payaso, Heinrich Böll afirma que el fascismo empezó el día que alguien dijo algo terrible y los demás se callaron para no tener que discutir. Ciertamente el afán de no liarla tiene sus límites.

Me tomo un café en el Ateneo con Juan Espino y Paco Maganto, dos individuos políticamente belicosos que me cuentan su aventura a lomos de un recurso de amparo que presentaron ante el Tribunal Constitucional contra la famosa declaración de soberanía del Parlamento autonómico de Cataluña. Su punto de partida, de tan simple, era casi diáfano: si nos creemos lo que dice la Constitución de que la soberanía reside en el pueblo español en su totalidad, cualquier amago de soberanía parcial, así sea sin rango o intención de ley, atenta, o lo pretende, contra los derechos fundamentales de cualquier titular de la soberanía total. Armados de este razonamiento recurrieron al TC, que no les hizo mayor caso, alegando que la declaración de marras ya estaba recurrida por el gobierno español siguiendo los cauces reglamentarios y que en todo caso ellos, como ciudadanos de a pie, no podían tirar de amparo en un caso así. Que esa prerrogativa correspondía en exclusiva a los diputados.

Puede tener lógica que sean los diputados los custodios de la soberanía, en el sentido de que si todo hijo de vecino se quisiera llevar su cachito a casa, pues podríamos estar recurriendo los unos contra los otros todo el día. Pero también es lógico que los autores de este recurso en concreto se pregunten si les han dicho que no porque no (el redactado constitucional en sí no deja de ser ambiguo), o porque a la agenda jurídica se superpone la política. La adjunta de la Defensora del Pueblo que se negó a sumarse a su recurso procede de CiU, y eso a Espino y a Maganto les ha dado muy mala espina. Hasta el punto de sospechar de una especie de entente cordiale de fondo entre enemigos aparentes: tú declaras tu soberanía y todo lo que te dé la gana pero sin rango de ley, yo no recurro a fondo, y aquí en realidad no pasa nada.

¿Seguro? Sólo hay que leer algunas entradas de este blog para constatar lo caldeados, por decirlo amablemente, que han llegado a estar los ánimos con este tema.

Humillar a la gente no es gratis. Me lo recuerda un queridísimo amigo cuando casi nos peleamos a cuenta de si una humillación amorosa justifica o por lo menos explica determinados desafueros. Políticamente es todavía más delicado porque un clavo no quita a otro clavo jamás. Cuando ciertos sentimientos de agravio y de desconfianza han calado lo suficientemente hondo no es fácil darles la vuelta. A lo más que se puede aspirar entonces es a cambiar de tema.

No se sorprendan demasiado ustedes si cualquier día comprueban que el desenlace de toda esta terrible cuestión catalana es que, traspasado Artur Mas a mejor vida (esperemos que no política), a cualquiera que le pueda llegar a suceder, incluido Junqueras el Terrible, le apetezca más hablar y discutir de cualquier otra cosa. No es tan difícil de imaginar. Imagínese usted que es de ERC (o de algo todavía más cutre) y consigue hacer por fin realidad su sueño dorado, que es quitar a CiU y ponerse usted a chupar palacio y coche oficial. Y con la ventaja de que usted no tiene a nadie como usted detrás, chinchándole y provocándole para ser cada día un catalán más heavy metal. ¿No se relajaría y hasta abriría una botella de Freixenet?

Hay agravios o malentendidos, como los quieran ustedes llamar, que sólo se pueden desactivar desde dentro. Serán los propios talibanes de hoy los que pedirán paz mañana…cuando a ellos les interese. En ese sentido, diez puntos sobre diez para aquellos que, de este lado, han puesto límites a la reacción. Han sabido evitar el choque inevitable. La humillación quizás merecida pero insoportable.

Muy bien, pero, ¿y aquí? ¿Qué va a pasar del otro lado? Historias y recursos como los de Juan Espino y Paco Maganto acreditan que los españoles no catalanes también tienen su corazoncito soberano, también necesitan que les hagan mimos en su derecho a decidir. O a recurrir. O a hacer algo.

Antes de que sea demasiado tarde.

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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