Contra el 11-S, piel de lagarto

Publicado por el Jan 27, 2014

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Tal y como me lo contaron entonces, lo cuento yo ahora: 11 de septiembre…de 2001. ¿Se acuerdan de lo que pasó ese día? Bueno, pues eso que pasó, pilló al presidente del gobierno de España, a la sazón José María Aznar, metido en su Air Force One particular de viaje oficial a Lituania. Al parecer era sabido de todos sus colaboradores que en tales situaciones no le gustaba ser importunado. Que le molestaba muchísimo, vamos.

Pío Cabanillas hijo, a la sazón comunicador o algo así del gobierno, entra frenético en el despacho de Mariano Rajoy, a la sazón vicepresidente. Melena al viento y con los ojos fuera de las órbitas exclama: “¡Hay que avisar al presidente! ¡Hay que avisar al presidente!”. La única duda histórica que tengo es si esto se planteó cuando sólo había caído una Torre o cuando ya habían caído las dos. Sí me consta que la respuesta de Mariano Rajoy fue: “Vamos a esperar un poco…a ver qué pasa”.

En su día me lo contaron como ejemplo mítico de una imperturbabilidad rayana en la pachorra. En la indiferencia cósmica frente al mismísimo big-bang. Vamos, que me lo contaron no precisamente en plan elogioso hacia el actual presidente. Cuando lo cierto, si nos atenemos a la evolución posterior de muchos hechos, es que ojalá Aznar hubiera mantenido un poco más de sangre fría tanto frente al 11-S como frente a la guerra de Irak. Otro gallo le habría cantado a su partido, sin ir más lejos.

Viajemos en el tiempo a otro 11 de septiembre más cercano (seguro que ya se imaginan ustedes cuál). Yo que conozco el percal catalán por dentro, créanme: a día de hoy, nada deprime ni frustra más a las hordas secesionistas que tener enfrente un presidente español como Rajoy. Con lo bien que les vendría a ellos alguien con la sangre más alborotada y más caliente. Alguien más ávido de entrar al trapo.

Se ha criticado mucho al PP y al gobierno por no hacer nada o casi nada hasta ahora para parar la oleada antiespañola con que se trata de ahogar la sociedad catalana. Hay razón en esas críticas. Hace años, muchos años, que se podía haber salido a decir pues eso mismo, que se nos quiere. Que desde Madrid y desde Zaragoza, desde las islas Canarias y desde Badajoz, etc, se va a pelear por nosotros. Para no amputarnos el corazón. Ese ha sido el gran pecado original de muchos gobiernos españoles, que le han dado la espalda al avispero nacionalista, temerosos de liarla. Que han delegado el trabajo de engrasar la unidad y la convivencia en partidos catalanes originalmente transversales, pero que poco a poco han ido perdiendo esa función, y casi que ese órgano.

Pero lo que nadie podrá reprocharle a Rajoy, y menos después de su reciente discurso en Barcelona, es que se deje arrastrar a confrontaciones que sólo benefician a los de siempre. No debe ser fácil para un presidente español, que además es de derechas, que además tiene al electorado más tradicional de esa opción un tanto alicaído, y amenazado de OPA por opciones más estridentes (por no mencionar que en tanto que español también tendrá su corazoncito y también le dolerá que le llamen invasor y ladrón…), simplemente mantener la calma. Simplemente no dejarse arrastrar a echar más leña al fuego.

Es posible que tanto el PP como el PSOE hayan desaprovechado muchas oportunidades históricas de mejorar las relaciones entre España y Cataluña. Pero también es posible que a día de hoy, con un panorama que no se lo salta un gitano, que va a requerir muchísima creatividad política y hasta emocional para enterrar desconfianzas y resentimientos, el mayor servicio que puede hacer el presidente es impedir que esa relación empeore más allá de toda esperanza. Frenar el cataclismo sin remedio. Atravesarse en el camino de lo irreparable.

Volviendo al principio de este post, si la decisión de meter o no meter a España en la guerra de Irak (o de meterla con mayor o menor sutileza) hubiese estado en manos de alguien como Mariano Rajoy, en lugar de alguien como José María Aznar, quizás la historia del PP y de este país se habría escrito en muchos sentidos de otra manera. Quién sabe si de aquí a un tiempo no habrá que agradecerle al de Pontevedra (cuya frialdad de lagarto, recordemos, ya frenó el eurorescate a lo bestia de la entera economía española…) que el 11-S de aquí no haya salido definitivamente de madre.

 

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