Autocolonialismo

Publicado por el ene 19, 2014

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Un observador extranjero, partido de la risa (él que puede) con todo lo que últimamente pasa en España, llama mi atención sobre cierto disparatado paralelismo que él aprecia entre las pretensiones monetarias de Escocia y las de una hipotética Cataluña independiente. A saber: recordarán ustedes que, no hace tanto, el antiguo primer ministro británico Gordon Brown calificó de “colonialismo autoimpuesto” la idea de Alex Salmond de pedir la independencia pero manteniendo la libra británica como moneda. Es decir, manteniendo una economía dirigida desde Londres. ¿No es un poco lo mismo que pretende Artur Mas cuando se pide la independencia y a la vez permanecer en el euro?

Es un hecho que la pertenencia a la UE implica cesión de soberanía, y en el tema económico, cesión de soberanía a lo bestia. Que nos lo digan o que nos lo cuenten a nosotros, que ante la imposibilidad técnica de devaluar la moneda nos tenemos que devaluar los salarios. En fin, que hay algo contradictorio entre proclamar que no se aguanta ni un minuto más en España, por un tema de querer “decidir” y de hambre de soberanía, para a continuación lanzarse de cabeza, o, para ser precisos, mendigar el acceso, a una Unión Europea que lo primero que te exige para entrar es que dejes ciertas ínfulas de autogobierno a la puerta.

¿Alguien duda todavía a estas alturas de que la verdadera pana, el verdadero intríngulis, está en la soberanía económica, más que en la política o en la sentimental? Con la que está cayendo, ¿el gobierno catalán prefiere la bandera a la caja? ¿Son tontos o creen que lo somos todos los demás? Lo que venden es humo. Es sensación de independencia, no independencia real. Es metadona histórica para incautos.

Pero que conste que no es la primera vez. Allá por 1659, antes incluso que en 1714, Cataluña perdió una buena tajada de su territorio (todo el Rosellón, Conflent, Vallespir y parte de la Cerdaña) a manos francesas en virtud del Tratado de los Pirineos, firmado por Felipe IV de España y Luis XVI de Francia. En esencia este tratado significaba que, de los Pirineos para arriba, todo volvía a ser francés. Fue el rey español quien firmó el tratado, lo cual autoriza a la historiografía catalanista a acusar a “España” del destrozo. Pero lo cierto es que los franceses se limitaron a reclamar unos territorios que llevaban tiempo ocupando con algo más que el consentimiento catalán, cuando apoyaban a Cataluña en su revuelta contra el rey castellano para desestabilizar a España. Hay que ser imbécil. Por supuesto, una vez esos territorios pasaron a ser franceses se acabó en seco toda veleidad de cultura catalana. Puestos a centralizar a la brava, Francia no tiene miramientos. Ni rival. Ahí a los catalanistas de la época se los comían por los pies. Lo primero que hicieron fue prohibir cualquier uso de la lengua catalana para nada, y así hasta ahora.

Y para qué hablar de 1714. Los dirigentes catalanes vuelven a hacer alarde de visión:  apuestan por un determinado pretendiente al trono de España, su pretendiente pierde, gana Felipe V, y en lugar de hacer lo que hace todo el mundo, disimular y tratar de estar a buenas con el que, te pongas como te pongas, ya es el único rey viable, se quedan solos en toda Europa plantándole cara. A nadie se le pasa por la cabeza rendirse o buscar un compromiso. ¿Con qué contaban para salir del lío? Me asegura un nacionalista catalán aficionado a la Historia, o eso dice, que esperaban que en el último minuto les echaran una mano…¡los ingleses! Válgame Dios. Ni que Cataluña fuese Gibraltar.

¿Cuándo se convencerán de que nadie en Europa quiere a los catalanes tanto como España?

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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