Publicado por el Mar 25, 2014

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Malestar generalizado, al que no ha sido ajeno ni Miquel Roca, por las palabras de Artur Mas a pie de féretro de Adolfo Suárez. Hay días y días. También presidentes y presidentes. Zapatero trató de lanzar un cabo y de poner algún que otro paño caliente reivindicando el derecho de todo nacionalista a reivindicar orgulloso el legado de una Transición que entre otras cosas restauró la legalidad de la Generalitat catalana. Cuán cierto. Pero entonces, ¿a qué viene ponerse a dinamitar lo mismo que uno reivindica?

Hay que elegir, o se asume que la Transición valía y vale, y que gracias a ella, con todos los sacrificios y todas las renuncias que se quieran, se consiguió un bien superior que valía la pena, o, si se opta por echar paladas de desprecio sobre tanta y tan sacrificada historia, se abstiene uno de dejarse ver a menos de 600 km a la redonda del Congreso de los Diputados en tal día como este. Que la Puerta de los Leones no se abre al paso de los chihuahuas históricos.

En cualquier caso y ante la duda, le pregunto a Carlos Abella, antiguo colaborador y  reputado biógrafo del difunto, qué habría hecho en su opinión Adolfo Suárez de verse enfrentado con la cuestión catalana tal y como esta se plantea hoy. Se lo pregunto no en petit comité sino en público, en plena tertulia de la televisión de Castilla-La Mancha, en pleno programa especial dedicado precisamente a Suárez. Nos escucha y nos contempla, entre otros, el antiguo alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, también muy estrechamente vinculado a la familia Suárez.

Asiente Álvarez del Manzano solemne y gravemente cuando Abella, por lo general de una discreción rayana con el vaticanismo, se muestra aquí pelín más clar i català de lo que suele. Él lo tiene claro: “Suárez fundó el CDS precisamente con ánimo de que hubiera en España un partido bisagra de vocación liberal, y de ámbito nacional español, que liberara a las mayorías de gobierno del yugo de las minorías nacionalistas”.

Se puede decir más alto, pero no más claro. Suárez no sólo no habría querido saber nada con estas cosas que se le ocurren a Artur Mas, sino que, previendo que estas ocurrencias podían llegar a producirse, trató de equipar la política española de minorías inteligentes, patriotas y entregadas capaces de matizar a las mayorías pero sin dejar de pensar nunca en el todo.

¿Me siguen? Que aunque Adolfo Suárez fuera en su día un político muy guapo, y aunque Artur Mas se crea que él ahora también lo es, aquí sobra Viagra y falta bisagra. El bipartidismo no lo cura todo, menos cuando hace dejación de territorios enteros porque le parecen, o emocionalmente indescrifrables, o rematadamente difíciles de gobernar. Qué error, qué inmenso error. Ojalá todavía se esté a tiempo.

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Doctores tiene la política para ver el lado positivo, institucional y trascendente de las cosas. En este blog trataremos de darle la vuelta y hasta la puntilla al más fino análisis. Más sobre «Piensa lo peor»

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