Strauss-Kahn es inocente, pero…

Publicado por el may 16, 2011

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Benjamin Brafman, el abogado defensor de Dominique Strauss-Kahn –y que antes lo fue de Michael Jackson o del rapero Sean Combs- ha afirmado con rotundidad que su cliente es  inocente. Y, sin duda, tiene todo el derecho de ser considerado como tal hasta que no sea condenado. Pero lo que a mí me preocupa es otra cosa. Mi inquietud radica en cómo este caso puede ahondar el divorcio entre Europa y América.

Las acusaciones parecen tener bastante fundamento y en todo caso la defensa no podrá aducir que hubo sexo consentido. Y cuando sus tímidos defensores hablan de un montaje perpetrado por sus enemigos, aún pudiendo ser cierto, de lo que no cabe duda es de que para poder hacer un montaje a alguien hay que poner ante él un cebo en el que se sabe que pica. Si a alguien lo graban desde un armario realizando prácticas sexuales de las que puede avergonzarse, es porque él realiza habitualmente esas prácticas. No porque las realice por primera vez en su vida. Si a Strauss-Kahn le han hecho un montaje, peor todavía. Eso ha ocurrido porque sabían que él mordería el anzuelo.

La cuestión ahora es por qué el FMI y el Banco Mundial, dos instituciones gobernadas mayoritariamente por europeos, han aplicado raseros tan dispares en sendos casos no tan diferentes: el de la relación de Strauss-Kahn con una economista del Fondo y el de Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, con su novia, empleada en el mismo banco. Recordemos los casos.

Poco después de asumir el cargo de director gerente del Fondo Monetario Internacional en noviembre de 2007, Strauss-Kahn tuvo una relación íntima con Piroska Nagy, a la sazón una alta funcionaria del Fondo en su departamento africano. El caso se supo cuando lo denunció el marido de la señora Nagy, que, como cabe suponer, no era partidario de que su mujer frecuentase camas ajenas. Pues bien, el Consejo de Administración del FMI investigó el caso y aceptó la explicación de Strauss-Kahn de que había cometido “un serio error de juicio”. Asunto cerrado.

En cambio, en marzo y abril del mismo año 2007 el presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, que no era ni francés, ni socialista, se enfrentó a un escándalo por las mejoras retributivas a de las que se había beneficiado su novia, Saha Riza, que trabajaba en el Banco Mundial en comisión de destino. El hecho de que Wolfowitz hubiera mantenido informado a todos los organismos competentes del banco de las mejoras de Riza sin que en ninguna instancia se hiciera saber objeción alguna y el que no se probase ninguna violación de las normas del banco Mundial no bastó. Wolfowitz se tuvo que ir a su casa.

Ahora nos encontramos con que el socialista francés que se fue de rositas en 2007 tiene nuevas cuentas pendientes. Cuentas que han llevado hoy a la juez a negarle la libertad bajo fianza. Y si es condenado, quizá haya que condenar también a los que defendieron su continuidad en noviembre de 2007 después de haber exigido la destitución de Wolfowitz en abril de ese mismo año.

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