Que nos forren a Policía

Publicado por el jul 27, 2011

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Después del pesar que todos sentimos por las familias de las víctimas de Noruega –en número todavía incierto- la siguiente causa de angustia se deriva del casi unánime llamamiento al recorte de las libertades públicas que aparece implícito en las informaciones sobre aquella matanza.

Cuando titulamos “Breivik avisó una hora antes por mail de que iba a cometer la matanza” y afirmamos en la entradilla que “En el correo electrónico, enviado a más de 1.000 destinatarios, no informaba de la localización del ataque” estamos invitando, sutilmente, a que haya un mayor control de nuestras comunicaciones. Desconozco qué porcentaje de los mil receptores del correo electrónico conocían personalmente a Breivik y podían sospechar que su amenaza era seria. Pero si ninguno de ellos se lo comunicó a la Policía es que no debieron tomárselo muy en serio. Y aquellos que no conociesen al remitente probablemente consideraron el mensaje como simple spam e hicieron con él lo que hacemos casi todos los seres normales con el spam: borrarlo.

Que alguien pueda pensar que la Policía debe dedicar su tiempo a controlar los millones de correos electrónicos que se cruzan en un país cada hora de una jornada laborable implica un preocupante afán cercenador de nuestras libertades. Pero ello llega en medio de otros signos igualmente inquietantes.

Hay infinidad de críticas a la Policía noruega por no haber sido capaz de prever la vesania de Breivik. Y es comprensible la furia que este tipo de crimen desata, buscando siempre responsables. Pero no hay más responsable que uno: Breivik. Con habilidad actuó sin levantar sospechas durante meses, incluso años. Se buscó buenas coartadas, como la supuesta actividad agrícola para justificar la compra de fertilizantes utilizados después en la fabricación de explosivos. Y aunque ahora intenta decir que actuó en cooperación con otros, no hay ningún indicio de que sea así y eso precisamente hacía casi imposible que pudiera haber alguna falla por la que se fugase información.

Es evidente que la lentitud con la que reaccionó la Policía el pasado viernes facilitó el incremento del número de muertos. Pero es igualmente evidente que las policías del mundo entero se preparan para las amenazas que conocen. Los terroristas islamistas pudieron perpetrar el 11-S porque no había indicios de que terroristas suicidas podían emplear aviones cargados de pasajeros como misiles. Breivik pudo perpetrar su matanza porque nunca antes en un país nórdico se había hecho algo así. La Policía carecía de los medios para llegar a la isla de Utoya porque nunca imaginaron que pudieran tener que reaccionar ante tamaño ataque de un demente.

Del terrorismo del 11-S resultó una merma generalizada de libertades. No dejemos que la actuación de un trastornado tenga iguales consecuencias

 

 

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