Ni estando vivo responde

Publicado por el Oct 17, 2012

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Cuando hay grandes expectativas respecto a uno de los contendientes en un debate, su fracaso a la hora de cumplir con lo que de él se espera equivale a una notable derrota. Eso fue lo que le pasó a Obama en el primer debate. Atemperadas por ese planchazo, las expectativas de Obama en el debate de la Universidad de Hofstra, Nueva York, de la noche del martes no eran tan sólidas. Y su buen papel en el intenso debate contribuyó a dar de él la imagen de un ganador por la simple razón de que estuvo ágil y se empeñó en el combate. Pero en un debate tiene que haber al menos dos. Y el otro contrincante, Mitt Romney, estuvo muy bien en el primer debate y estuvo también muy bien en el segundo debate.

Quizá el momento que mejor defina la noche llegara cuando un chico de color dijo a Obama que le votó hace cuatro años y que ahora ha perdido el optimismo que le llevó a hacer eso. Obama recitó sus éxitos –la reforma sanitaria, el fin de la guerra en Irak, la ayuda a la industria automovilística...- y resumió sus planes de futuro diciendo que tiene ideas para las “manufacturas y la educación y reducir nuestro déficit de una forma sensata empleando el ahorro derivado de acabar con las guerras para reconstruir América. En cambio Romney hizo un recitativo de los fracasos económicos de los últimos cuatro años, dato tras dato deprimente y terminó con una de sus frases más efectivas: “Si eligen al presidente Obama ya saben lo que van a tener. Van a tener una repetición de los últimos cuatro años. Y no podemos permitirnos otros cuatro años como los últimos cuatros años”.

Es evidente que Obama tenía una estrategia para demostrar que estaba vivo. Estuvo al ataque desde el principio. Ya en el minuto 16 de los 95 que duró el debate acusó a Romney de mentir. Lo haría numerosas veces en una estrategia peligrosa, porque a lo largo de las horas que siguen al debate las televisiones y web desmenuzan lo dicho por los candidatos y están deseando pillar a cada uno de ellos en mentiras y renuncios. En el caso de la muerte del embajador Stevens en Libia, en el que el Gobierno norteamericano se pasó dos semanas diciendo que había sido el resultado de una manifestación popular –según explicó el vicepresidente Biden en el debate de los candidatos a la Vicepresidencia, por culpa de la desinformación de sus servicios secretos- ahora Obama intentó sostener que ya al día siguiente habló de terrorismo. Cuando la realidad es que en su comparecencia en el jardín de la Casa Blanca a las 24 horas del asesinato de los cuatro norteamericanos en Bengasi Obama culpó de lo ocurrido -sin matices- a la reacción popular frente a un infame video sobre el profeta Mahoma. Y solo de pasada y al final de su intervención se refirió a esa supuesta manifestación popular como un “acto de terror”. Es decir, Obama manipuló hábilmente los hechos y cuando Romney intentó corregirle la moderadora Candy Crawley, lo impidió y nada hizo por reprimir los aplausos –dos veces- en apoyo de Obama de un público que rompía las reglas de juego.

Fue una gran velada. Obama sale del segundo debate mucho mejor que del primero, pero hay algo que no ha cambiado. Ha tenido que dedicar mucho más tiempo a defender lo que ha hecho que a contestar sobre lo que va a hacer. Quizá porque no sabe en qué ofrecer una alternativa a lo que él mismo realizó durante este mandato.

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Una visión no siempre políticamente correcta de la realidad internacional. Un intento de hacer comprensible a una gran audiencia la realidad cotidiana internacional generada desde diferentes focos Más sobre «Horizonte»

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