New Hampshire: ¿Ganar y perder al mismo tiempo?

Publicado por el ene 9, 2012

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Todo indica que Mitt Romney será el candidato más votado en las primarias de hoy en New Hampshire. Y aún así podría salir de allí como perdedor. Eso ya ocurrió la semana pasada en Iowa, donde al aventajar por sólo ocho votos a Rick Santorum dio todo el protagonismo a éste. Pero ahora es todavía más complicado.

Las encuestas dan a Romney en New Hampshire una cómoda ventaja que casi llega a los diez puntos sobre su inmediato seguidor, Newt Gingrich y quince sobre Santorum. El Partido Republicano está dividido en tres grandes bloques que Peggy Noonan ha descrito muy bien en su último artículo del WSJ (y si no ofrezco el enlace es porque el acceso a la página es de pago): libertarios, conservadores sociales y conservadores moderados. Los principales representantes de los tres obtuvieron un buen resultado en Iowa: El libertario, Ron Paul logró un 21,4 por ciento; el conservador social, Santorum, un 24,5 y el conservador moderado, Romney, un 24,6. Estas tres facciones del partido han tenido a lo largo de los años tres grandes principios: Recortar el gasto, reformar la política fiscal para bajar los impuestos y (últimamente) desalojar a Obama.

Los conservadores moderados juegan en casa en New Hampshire y es por ello que una victoria de Romney por menos de diez puntos en un territorio a todas luces favorable puede ser interpretada como una derrota. La cuestión ahora es ver quién logra quedarse con el santo y seña de los conservadores sociales y desde ahí reivindicar sus credenciales libertarias en materia económica, para lograr captar la mayor parte de la parroquia de Ron Paul.

Así, la carrera por la nominación republicana está llamada a convertirse en un mano a mano entre Romney y quien logre hacerse con el monopolio del voto más conservador. Ese podría muy bien ser Santorum al que en España se presenta, simplemente, como un católico radical, padre de familia numerosa, contrario al aborto y a la consideración de la unión entre homosexuales como matrimonio. Siendo cierto casi todo lo anterior (lo de radical es discutible) hay en Santorum un elemento mucho más relevante a la hora de lograr ser un candidato creíble para enfrentarse a Obama. El flanco débil de los demócratas en esta elección puede ser el voto de la clase trabajadora blanca, que los demócratas están perdiendo a chorros desde hace lustros. En buena medida la victoria de Obama sobre McCain se cimentó en que captó un porcentaje ese electorado muy superior al logrado por Kerry y Gore. Y, sin embargo, sólo consiguió un 43 por ciento. En las legislativas de 2010 el 63 por ciento de ese sector del electorado optó por candidatos republicanos.

Tanto Romney como Santorum saben que ése es un nicho electoral en el que se juega la victoria del 6 de noviembre. Pero lo relevante es que Santorum logró su éxito en Iowa jugando la carta del “yo soy uno de vosotros” dirigido a la clase trabajadora blanca, mientras que Romney, con una posición social mucho más acomodada, no puede sostener ese discurso. No sería creíble. Lo más que puede argumentar –y lo está haciendo con firmeza- es que él no quiere recortar los impuestos de los ricos porque “los ricos ya saben cuidar de sí mismos”. Quizá así logre su objetivo de no ser identificado como un millonario jugando a la política. Pero en eso Santorum no tiene que perder tiempo. Él es the real thing.

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